Las semifinales masculinas del Bordeaux P2 han dado lo que prometían. Ritmo de pista lento, condiciones de indoor puro y dos partidos con mucha tela que cortar.
Galán no entiende de pistas lentas
Hay jugadores que adaptan su juego a las condiciones. Y luego está Galán. Da igual la pista, da igual el ritmo, da igual desde dónde venga la bola. La ofensiva siempre activa, los winners a demanda, el daño constante. Hoy, en frente, Yanguas y Stupaczuk, que han firmado quizá uno de sus mejores torneos del año con unas sensaciones muy buenas a lo largo de toda la semana.
El primer set tuvo mucho ruido: los breaks se sucedieron sin que ninguna pareja tomara el control definitivo. La pista lenta invitaba al intercambio y Stupa y Mike se encontraron cómodos en ese pádel pausado, de construcción, que tanto les gusta. Pero Galán y Chingotto rompieron cuando tocaba y se llevaron el set por 7-5. El segundo siguió un guion parecido, algo más ordenado, con los de Pozzoni disfrutando de unas condiciones que en teoría les favorecen. En teoría. Porque Ale y Fede volvieron a romper en el momento exacto y cerraron otro 7-5.
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No es un dato menor lo que está haciendo esta pareja: llevan seis finales consecutivas. Y con esta final, Galán llega a las 100 en su carrera. Solo Belasteguín, Juan Martín Díaz y Pablo Lima han llegado a triple cifra en la historia del pádel. Hoy tiene la oportunidad de ser el cuarto, y el más joven en hacerlo.
Son los Nº 1
No hay trampa. Arturo Coello y Agustín Tapia son los números uno del mundo y lo demuestran cada semana. Enfrente, Paquito y Di Nenno, que llegaban en un estado de forma ascendente y con la moral por las nubes tras eliminar a Lebrón y Augsburger en cuartos.
Lo curioso del partido es que, sobre el papel, era la primera vez que estas dos parejas se enfrentaban. Dos generaciones distintas, dos maneras distintas de entender el pádel, y un recuerdo que flota en el ambiente: Paquito y Martín ganaron el primer torneo de la historia de Premier Padel, el Qatar Major 2022, y en aquella temporada inaugural llegaron a tres finales en cinco torneos juntos. Hoy volvían a una semifinal como pareja por primera vez desde el Mendoza P1 de ese mismo año.
No jugaron mal. Las condiciones lentas les vinieron bien, construyeron puntos, compitieron. Pero en frente hay dos jugadores con una calidad y un ritmo superiores, y eso, en el tramo decisivo de cada set, acaba pasando factura. Tapia se puso la capa de los winners cuando el partido lo pedía, apretaron en los momentos clave, y Coello y Tapia se planten en su 26ª final consecutiva gracias a un 6-3/6-2. Un récord que no se sabe muy bien hasta dónde puede llegar.
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Todos los honores para Paquito y Martín, que siguen en una línea claramente ascendente. El suelo que se habían marcado lo han roto; ahora toca ver hasta dónde llega el techo.
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