Foto: @alegalan96
La doble falta no es algo que suela ocupar portadas en pádel. Justamente por eso, cuando aparece en un momento importante, hace tanto ruido como el que hemos visto en estas últimas semanas. Primero pasó con Ale Galán, en una acción que generó bastante conversación, y ahora ha vuelto a ocurrir con Álex Ruiz.
Son dos casos recientes que sirven para recordar algo muy simple: incluso en la élite, el saque puede complicarse si se desordena un gesto que debería dar control. Ahí está precisamente la gracia de este tema. La doble falta parece un error pequeño, pero cambia inercias, regala puntos y mete tensión en un golpe que debería ayudarte a empezar mandando o, al menos, sin sufrir.
Además de los dos ejemplos de los que acabamos de hablar, hay otro igual de reciente que el de Ruiz, pero que ha rodeado a Martín Di Nenno. La polémica se ha desatado a raíz del partido que enfrentó al argentino y a Momo González contra Álex Arroyo y Tolito Aguirre. Fue Arroyo quien reclamó saque alto de Martín dos veces en el mismo servicio. Doble infracción.
Es algo más común de lo que pensamos cuando somos nosotros quienes la cometemos en un partido y podemos hablar de las razones que nos llevan a hacerlo. En cambio, la explicación no suele estar en una sola cosa. Casi siempre es una suma de pequeños fallos.
A veces aparece por prisa. Otras, por querer ajustar demasiado el saque a la línea o a la reja. Asimismo, también influye el hecho de cambiar una mecánica que normalmente sale sola cuando llega un punto tenso. Aparte de esto, luego está lo básico: mala colocación, bote incómodo, contacto demasiado alto o un gesto acelerado de más.
Las reglas de la FIP ayudan a entenderlo bien. El servidor tiene dos intentos, debe botar la bola en su cuadro, golpearla a la altura de la cintura o por debajo, mantener al menos un pie en contacto con el suelo y enviar el saque en diagonal al cuadro correcto. Si incumple eso, si falla al intentar golpear o si la pelota no entra correctamente, el saque es falta. Si pasa dos veces, llega la doble falta.
El saque no está para lucirse, está para empezar bien el punto. Si cada primer saque lo buscas al milímetro, te acercas demasiado al error. En momentos de tensión, conviene priorizar margen antes que brillo.
Dos botes, una respiración, mirar el cuadro y sacar. Lo que sea, pero siempre igual. Tener una rutina corta ayuda a que el cuerpo no improvise cuando aparece la presión.
Muchos errores llegan por querer levantar demasiado la pelota o por golpearla casi desde el límite de la cintura. Cuanto más limpio y natural sea el contacto, más fácil será controlar la dirección.
Cuando llega el nervio, el brazo suele correr más de la cuenta. Es ahí cuando la bola se va larga, se queda en la red o sale sin control. En el saque, la sensación buena no es la de velocidad, es la de ritmo.
No saques pensando en una esquina mínima. Piensa en una zona amplia del cuadro de servicio. Un objetivo más generoso da más margen y baja mucho el porcentaje de error.
El segundo saque no debería parecerse al primero si vas demasiado justo. Menos riesgo, más altura, más seguridad y una dirección clara. Mejor empezar el punto defendiendo que regalarlo sin jugar.
Puede ser “suave”, “margen”, “abajo” o “control”, o cualquiera que te funcione. Una sola palabra, repetida antes de sacar, ayuda a frenar la ansiedad y a recordar qué necesitas hacer en ese momento.
Ahora llega el momento clave, aplicar todo esto en un partido. El error típico aquí es intentar cambiarlo todo de golpe. Mala idea. Lo más útil es elegir dos ajustes como máximo para ese partido. Por ejemplo: rutina fija antes de sacar y segundo saque con más margen.
Con eso basta para empezar. Si intentas pensar a la vez en la muñeca, el bote, la altura, el pie, la dirección y la respiración, acabas convirtiendo el saque en una operación quirúrgica. Y no hace falta tanto. Una fórmula sencilla podría ser esta minirutina de partido:
Tómate un segundo de pausa, concéntrate en mirar el cuadro, piensa tu palabra clave y haz el mismo gesto de siempre.
En este punto es importante evitar las prisas. No corras, da un paso atrás, usa más margen y piensa solo en que entre el saque.
Cuando cometemos una doble falta, suelen repetirse casi siempre los mismos errores típicos. Uno de ellos es que queremos asegurar pegando fuerte. Pasa mucho. El jugador siente dudas y, en lugar de suavizar, acelera. El resultado es claro: menos control.
A veces también optamos por cambiar el saque por miedo. Modificar de golpe el bote, la altura o el gesto en mitad del partido casi nunca ayuda. Si venimos trabajando el saque de una forma, en tensión conviene simplificar, no inventar.
Otro error común es mirar demasiado la línea. Cuando el objetivo es demasiado pequeño, el cuerpo se tensa más. Y cuanto más tenso va el gesto, menos margen deja.
Al ser un momento en el que podemos actuar en caliente, puede ser que saquemos enfadados tras un error. La doble falta muchas veces llega así: fallo el primero, me enfado, quiero compensar rápido y regalo el segundo.
Igual de habitual es olvidar que el saque en pádel está para construir. No hace falta ganar el punto con el saque. Lo que hace falta es empezarlo bien. Cambiar ese chip ya mejora mucho la toma de decisiones.
Los casos recientes de Galán, Ruiz y Di Nenno sirven para recordar algo que vale para cualquiera: la doble falta no siempre nace de una carencia técnica. Muchas veces emana de un detalle mal gestionado en el peor momento. Por eso no se corrige con magia, sino con rutina, margen y un gesto algo más ordenado.
En definitiva, podemos quedarnos con la idea de que sacar con más seguridad no consiste en hacer algo espectacular. Consiste en quitarle dramatismo a un golpe que, bien llevado, debería darte justo lo contrario: tranquilidad.
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