Final a otra semana de competición y, por mucho que el circuito se empeñe en vender aire fresco, la realidad es que el viento sigue soplando siempre en la misma dirección. El Rotterdam P1 ha sido testigo de un nuevo capítulo de la rutina que ya conocemos: nuevos bailes de parejas, nuevos carteles… pero el mismo desenlace.
Todo cambia, para que nada cambie
Premier Padel atraviesa un momento curioso, casi paradójico. Por un lado, vemos ese dinamismo, de un ecosistema que se renueva constantemente; por otro, lo que se ve en pista apenas varía. Las nuevas duplas apenas han tenido tiempo de acoplarse, en el mejor de los casos, un entrenamiento y al ruedo; y eso se nota.
El problema no reside tanto en que los títulos sigan cayendo en las mismas manos, sino en lo previsible del trayecto hasta ellos. Los escalones por ronda están cada vez más definidos y las sorpresas, cuando llegan, lo hacen con cuentagotas. Salvo destellos aislados como el torneo de Sanyo, el resto transcurre con una monotonía que asfixia. El espectador siente que da igual si se juega en Düsseldorf, en Milán o en Roland Garros: la postal es la misma, solo cambia el decorado.
Nuestros compañeros de VeinteDiez abrían estos días un debate más que oportuno sobre el estado del pádel profesional.
Quiero plantear una dualidad que se me presenta.
Por un lado, me encantan ver los Tapia-Coello vs Galán-Chingotto.
Son los dos parejas que mejor juegan al pádel hoy día y siempre salen muy buenos partidos.
Pero, por el otro, tengo el temor de que agote. Que sature. Que se…
— VeinteDiez – PADEL (@VeinteDiez) October 5, 2025
La evolución de Tapia y Coello
En 2023, Tapia y Coello irrumpieron con la misión de destronar a Galán y Lebrón. Su propuesta era similar: vértigo, agresividad y una ofensiva desatada. Pero la historia ha girado a su favor. Hoy son ellos los que marcan el ritmo del circuito, y lo hacen con una versión tan madura como demoledora.
Coello se ha transformado en un defensor élite sin renunciar a su pegada. Tapia, en cambio, ha elevado su juego hasta convertirse en ese líder total que maneja los tiempos y desactiva rivales con naturalidad. Lo que antes era pura potencia ahora es equilibrio, lo que era impulso se ha vuelto cálculo. Hasta el propio Arturo admite preferir las pistas lentas, un detalle que refleja su evolución como jugador.
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El título de Rotterdam fue el décimo del año para ellos. Diez. Y más allá de las cifras, lo relevante es la sensación: no hay nadie que parezca cerca de discutirles el trono.
¿La distancia es salvable?
Jorge Martínez, técnico de Ale y Fede, declaraba hace poco que la distancia con los número uno “es mínima”. Y aunque la frase suene bien, la pista dice otra cosa. La final de Düsseldorf fue casi un espejismo, un P2 competido a medio gas por los líderes del ranking.
Mientras Chingotto y Galán exprimen cada torneo y se han apuntado incluso al FIP Platinum de Lyon para sumar puntos, Coello y Tapia parecen jugar en piloto automático. Unos corren contrarreloj; los otros, simplemente avanzan. Y esa es la verdadera diferencia.
Gemma y Delfi nos obliga a sacar la calculadora
En el cuadro femenino, el relato tiene otro aroma, pero la misma tendencia. Gemma Triay y Delfi Brea continúan su ascenso imparable hacia el número uno. Nueve títulos, tres consecutivos, y la sensación de que aún les queda margen. La regularidad, la compenetración y esa química que trasciende el marcador las han convertido en un bloque casi inexpugnable.
Ari y Paula, en cambio, ven cómo el ciclo que dominaron durante años se va apagando lentamente. Siguen siendo competitivas, sí, pero las dinámicas han cambiado. El relevo ya no es una amenaza; es una realidad.
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Con dos P1, un P2 y un Major por delante, más el Finals, la temporada encara su recta final y la calculadora empieza a ser protagonista. Pero más allá de los números, lo que queda claro es que este 2025 está dejando un mensaje rotundo: el pádel evoluciona, los nombres cambian, pero los reyes y las reinas siguen siendo los mismos.
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