La temporada de Premier Padel ya está en marcha y el primer examen oficial del año ya tiene nota. El Riyadh P1 nos ha confirmado algo que, en el fondo, todos intuíamos. Hay jerarquías que no se tambalean.
¿Qué tienen en la cabeza?
Estamos demasiado acostumbrados a ver a Agustín Tapia y Arturo Coello ir de menos a más en los torneos. Incluso da la sensación de que hay partidos que se permiten jugar al 50%, como si eligieran el momento exacto para activar el modo campeón. Y cuando lo activan, se acabó.
En Riad volvimos a verlo. Perdieron un set ante una pareja francesa de ranking muy inferior en primera ronda. En octavos necesitaron dos tie breaks. En semifinales estuvieron contra las cuerdas frente a Juan Lebrón y Leo Augsburger. (Los cuartos quedan al margen por la retirada de Edu Alonso).
Y aun así, sabíamos cómo iba a terminar. En esas semifinales memorables, apretaron en dos momentos muy concretos y se llevaron el partido. Leo y Juan rozaron la perfección. Los número uno no hicieron, ni mucho menos, su mejor encuentro. Y ganaron.
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Lo que tienen en la cabeza es difícil de explicar. Juegas el partido de tu vida, los tienes contra las cuerdas, llegáis al banquillo igualados… y en el siguiente tramo deciden romper. Sin ansiedad. Sin nervios. Con una convicción casi insultante. Supongo que nace de su superioridad técnica y táctica, pero sobre todo de una confianza ciega en ellos mismos y en su equipo. Es una superioridad competitiva que desmoraliza.
Año nuevo, ¿Juan Lebrón nuevo?

La gran noticia deportiva del torneo fue ese duelo de semifinales. Pero más allá del resultado, hay que detenerse en la versión que vimos de Juan.
Por primera vez en mucho tiempo, vimos a un Juan Lebrón ejerciendo de líder real de proyecto, acompañado por un jugador más joven que necesita paciencia y estabilidad. Y en Riad superó la prueba con nota alta. Actitud impecable, comunicación constante, energía positiva y foco absoluto en el juego. Casualidad o no, su nivel fue sideral.
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Ahora bien, el precedente está ahí. El año pasado también comenzó así junto a Franco Stupaczuk. La actitud fue ejemplar… hasta que dejaron de salir las cosas. Este 2026 puede ser su último gran tren para volver a pelear por títulos grandes de manera continuada. Nivel tiene de sobra. La incógnita está en la cabeza. Y en la constancia.
La primera sacudida al trono
Si en el cuadro masculino cuesta encontrar grietas en la jerarquía, en el femenino el panorama es radicalmente distinto. Se viene una temporada abierta, competida y con varias candidatas reales.
Ari Sánchez y Andrea Ustero han pasado en cuestión de días de proyecto a medio plazo a realidad inmediata. Invictas desde la Hexagon Cup y campeonas en su primer P1 juntas. No solo ganaron, convencieron. Y encima derrotando en la final a las número uno.
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En el otro lado aparece la decepción relativa de Bea González y Paula Josemaría. Eran la gran amenaza al trono y en cuartos dejaron sensaciones muy pobres. Pero conviene no sobrerreaccionar. Es el primer torneo del año y queda una temporada larguísima.
Lo que sí parece claro es que el circuito femenino está más abierto que nunca. Hay varias parejas con argumentos para colarse en finales con regularidad.
El Riyadh P1 ha sido solo el primer capítulo. Pero ya ha dejado una conclusión clara: en chicos, el trono sigue blindado. En chicas, empieza una guerra apasionante. 2026 promete.
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