A pesar de la enorme expansión del pádel en todo el mundo en los últimos años, este deporte aún no se ha incluido en el programa olímpico. A pesar de la falta de reconocimiento oficial, este auténtico fenómeno deportivo no parece detenerse, sino que, cada vez más, lo vemos incluido en los programas de los centros deportivos, así como en Internet, donde muchos influencers y famosos publican fotos desde el borde del campo. Otro aspecto que no debe subestimarse es que el pádel está entrando poco a poco en la programación de los sitios web de apuestas, que han comenzado a publicar cuotas sobre los principales torneos y a permitir apostar en ellos utilizando también apuestas gratis y bonos. Algo impensable hasta hace unos años, así como la rápida profesionalización del circuito y el interés creciente de patrocinadores internacionales. Todo ello confirma que el pádel se encuentra en una fase de maduración acelerada, en la que la dimensión amateur convive con una estructura cada vez más cercana a la de los grandes deportes globales.
¿Cuánto ha crecido el pádel en los últimos años?
Nacido casi por casualidad a finales de los años sesenta, el pádel ha experimentado un crecimiento que pocos habrían imaginado. La idea surgió en México, cuando Enrique Corcuera adaptó un pequeño espacio de su casa en Acapulco para crear un deporte inspirado en el tenis, pero más sencillo y accesible. La introducción de las paredes como parte integrante del juego definió desde el principio su carácter dinámico y espectacular. En los años setenta, el pádel llegó a España, donde se popularizó rápidamente, para luego arraigarse también en Argentina, que se convirtió en uno de los centros técnicos y competitivos de esta disciplina. Desde estos dos países partió la larga ola que, a partir de los años 2000, llevó al pádel a extenderse por Europa, Oriente Medio y Asia. En los últimos años, el fenómeno se ha acelerado gracias a la facilidad de aprendizaje y al fuerte componente social. Los clubes invierten, surgen nuevas pistas, aumentan los patrocinadores y la cobertura mediática. El resultado es un deporte cada vez más global, con millones de practicantes y un circuito profesional en constante crecimiento.
¿Qué le falta al pádel para convertirse en deporte olímpico?
Para alcanzar su aspiración olímpica, el pádel debe completar las piezas restantes de su rompecabezas estructural. Aunque ha experimentado un crecimiento muy rápido, no siempre conveniente, debe buscar una presencia sólida y organizada en todos los continentes para cumplir las pautas del Comité Olímpico. También debe aumentar el número de federaciones nacionales reconocidas y operativas. La Federación Internacional de Pádel debe desempeñar un papel relevante, intensificar su propio liderazgo y conseguir una gobernanza común a todos los miembros de su organización. La estandarización definitiva de las reglas y de los formatos de las competiciones será otro paso decisivo para garantizar la claridad y la universalidad del producto con el que se pretende fortalecer la práctica de este deporte. Finalmente, el pádel debe ser capaz de demostrar continuidad organizativa y económica, y también dar consistencia a su presencia en los eventos de deportes colectivos. Solo cuando todas las piezas del rompecabezas estén en su sitio, el sueño olímpico se hará realidad.
¿Podemos esperar verlo en 2032?
De cara a 2032, la respuesta sigue siendo prudente. Los plazos y evaluaciones del Comité Olímpico Internacional serán determinantes, y un posible empuje podría llegar si el país anfitrión cuenta con una fuerte cultura del pádel. La opción más realista sería un debut como deporte demostrativo, en competencia con otras disciplinas emergentes. El objetivo es ambicioso, posible, pero todavía no garantizado.





















