Paquito Navarro volvió a protagonizar una de esas acciones que solo él es capaz de inventar. En una exhibición, el sevillano firmó un punto tan espectacular que se viralizó en cuestión de minutos. Pero esta vez, la magia llegó acompañada de un debate que ha dividido al público: ¿lo que hizo fue una genialidad legal o un golpe que, según el reglamento, no debería haber contado?
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El detalle que cambia la jugada
La acción ocurrió en un ambiente relajado, típico de las exhibiciones, donde los jugadores se permiten golpes que en competición oficial serían impensables. Paquito reaccionó con una velocidad fulgurante cuando la bola quedó cerca de la red y ejecutó un recurso tan instintivo como llamativo. A primera vista, la jugada parece una obra de arte. Sin embargo, al verla repetida, aparece el matiz que ha encendido la discusión: el punto exacto donde impacta la bola.
El reglamento permite que la pala termine al otro lado de la red después del golpe, siempre que el impacto se produzca en el lado propio y no se toque la red ni el suelo rival. Lo que no permite es golpear la pelota antes de que cruce completamente la red hacia tu campo. Ese detalle es el que ha dividido a los aficionados. Si Paquito tocó la bola cuando aún estaba en el campo contrario, el golpe sería antirreglamentario. Si la bola ya había cruzado, la acción sería válida.
Parte de la confusión nace de una excepción muy conocida: cuando la bola, tras botar en tu campo y tocar pared o cristal, vuelve hacia el lado rival. En ese caso, sí se puede invadir con la pala el campo contrario para golpearla, siempre que no se toque la red ni el suelo rival. Pero esa situación no parece aplicarse aquí.
¿Magia legal o genialidad prohibida?

La pregunta clave es simple: ¿la bola cruzó la red antes del impacto? Si lo hizo, el punto es legal. Si no lo hizo, es ilegal.
Con la norma en la mano, si Paquito golpeó la pelota antes de que cruzara la red hacia su campo, el punto no debería haber contado. La jugada vive en esa frontera perfecta entre lo espectacular y lo prohibido, y quizá por eso ha generado tanta conversación: porque el pádel también se alimenta de estas acciones límite, de repeticiones, de interpretaciones y de aficionados defendiendo su postura con pasión.
Legal o no, Paquito volvió a ganar lo que siempre gana: el espectáculo.
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