Es lógico que un deporte tan joven como el pádel y un circuito con tan poco rodaje como Premier Padel afronten problemas de crecimiento. Desde sus inicios, tanto la disciplina en sí como su principal competición han evolucionado a pasos agigantados, convirtiéndose en la actualidad en todo un fenómeno de masas que conquista nuevos países mes a mes. Sin embargo, esto no significa que no queden áreas críticas por pulir. Actualmente, existe un factor que está distorsionando la competición y sobrevolando el día a día de los jugadores: el sistema de puntuación del ranking FIP.
La polémica ha estallado definitivamente con las inscripciones del próximo FIP Platinum de Albania, un torneo que corresponde a la cuarta categoría del circuito (por detrás de los Major, P1 y P2). Si buscamos un equivalente en el tenis, por la entidad de los puntos en juego, se asemejaría a un ATP 250, citas donde las grandes raquetas del Top-10 suelen descansar.
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No obstante, en la lista de apuntados para Albania figuran nombres de la absoluta élite mundial como Franco Stupaczuk, Mike Yanguas, Jon Sanz, Martín Di Nenno o Coki Nieto. Todos ellos se encuentran en los puestos más altos del privilegio mundial y arrastran un calendario asfixiante. A pesar de ello, han decidido romper sus días de descanso previos al Major de Roma por una sencilla razón: a nivel matemático, les compensa.
Este éxodo de estrellas hacia torneos menores, sumado a las recientes y explosivas declaraciones de la jugadora Sofi Saiz en sus redes sociales, ha reabierto un debate necesario: ¿Está bien planteado el sistema de puntuación actual? ¿Deberían limitarse las inscripciones a ciertas citas según el ranking?
Los motivos que originan el problema
Puntuaciones desproporcionadas en el circuito FIP Tour
El verdadero núcleo del problema radica en que los torneos amparados bajo el FIP Tour otorgan un botín de puntos desmesurado si se compara con el esfuerzo y la dificultad de las rondas finales en Premier Padel.
Ganar un torneo de categoría FIP Silver —de los cuales se disputan decenas al año con cuadros muy asequibles— otorga prácticamente la misma recompensa que alcanzar los cuartos de final de un P2 de Premier Padel. Sin embargo, la exigencia real es incomparable: para ganar ese FIP Silver probablemente baste con vencer a parejas de nivel de cuadro o previa, mientras que para estar entre los ocho mejores de un P2 es obligatorio tumbar a cabezas de serie consolidados. Dos baremos deportivos muy diferentes para un premio idéntico.
Lo mismo sucede con las categorías Bronze, Gold y Platinum. En el caso de las figuras que viajan a Albania, las 300 unidades que se lleva la pareja campeona equivalen a firmar una final en un P2 o unas semifinales en un P1. Se trata de un colchón de puntos muy suculento que les permite borrar del casillero algún tropiezo inesperado en el circuito de los Major.
La peor parte de este sistema se la llevan los profesionales de la parte media y baja del ranking, quienes se ven obligados a hacer malabares y, en muchas ocasiones, tienen que renunciar a las previas de los mejores torneos de Premier Padel para viajar a un FIP lejano donde la ganancia de puntos es más segura.
Barra libre y falta de restricciones en las inscripciones
Al no existir limitaciones, el sistema actual empuja a los mejores del mundo a sacrificar sus semanas de recuperación. La responsabilidad no es de los jugadores, quienes lógicamente exprimen el reglamento para optimizar sus opciones de terminar el año en la mejor posición posible. El error reside en unos estatutos que permiten que cualquier estrella juegue cualquier categoría de torneo de forma ilimitada.

Esta coyuntura genera dos grandes perjudicados en el ecosistema del pádel:
- La élite del ranking: Se ven empujados a una sobrecarga de partidos indecente. Si deciden descansar, asumen el riesgo de ser adelantados por rivales directos que sí acuden a sumar a estas citas menores. Cabe recordar que actualmente el ranking FIP contabiliza los 22 mejores resultados del año, lo que convierte a los torneos FIP en el maquillaje perfecto para tapar derrotas prematuras en el circuito principal.
- Los jugadores de menor ranking: El espíritu original del FIP Tour es servir de trampolín y promoción para que las jóvenes promesas sumen puntos y puedan acceder a Premier Padel. Al encontrarse con figuras del Top 10 y Top 20 en casi cualquier cuadro, se bloquea la progresión de los jugadores que intentan abrirse paso y vivir dignamente de este deporte.
Posibles soluciones para equilibrar el circuito
A pesar de que convergen intereses cruzados entre los organizadores locales de estos torneos (que desean ver a las grandes estrellas en sus pistas) y el bienestar de los propios jugadores, existen soluciones viables que podrían proteger la salud del circuito profesional.
En primer lugar, es evidente que los torneos FIP deben reajustar su valor a la baja. No puede ser tan rentable jugar un FIP Silver en comparación con un P2 de Premier Padel. Asimismo, si la FIP redujera el número de torneos que computan para el ranking (pasando de los 22 actuales a 18 o 20 resultados), se rebajaría drásticamente la presión de tener que rellenar el casillero compitiendo cada fin de semana del año.

Por otro lado, emulando la estructura organizativa del tenis, se deberían fijar restricciones de inscripción por ranking (cortes de protección). Una normativa lógica consistiría en prohibir la participación de las cuatro primeras parejas del mundo en los torneos Platinum, de las ocho primeras en los Gold, y limitar de forma estricta los Silver y Bronze para las categorías de desarrollo.
De este modo, los nuevos talentos e instalaciones respirarían con mayor tranquilidad, compitiendo en igualdad de condiciones sin el temor a cruzarse con un finalista de Premier Padel en las primeras rondas. Sea con estas u otras alternativas, la Federación Internacional de Pádel debe intervenir. Cuanto antes se aborde este desajuste en el sistema de puntuación, mejor funcionará el motor del pádel mundial.
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