El idílico equipo que han formado Arturo Coello y Agustín Tapia puede confundir a muchos jugadores de pádel en lo que se refiere a la conexión en pareja. La realidad para los mortales es que no es, ni mucho menos, tan fácil como ellos lo demuestran sobre el 20×10 de Premier Padel.
Podríamos decir, y de hecho lo decimos, que en ese adictivo deporte que se juega encima de una moqueta azul no existe la pareja perfecta. Ni siquiera ellos, los indiscutibles número 1 del ranking, lo son, aunque en muchas ocasiones nos aventuraríamos incluso a jurar que sí.

Problemas de pareja… también en el pádel
Si nos pasa en la vida, cómo no iba a pasarnos en el pádel. Muchos de nosotros soñamos con encontrar la pareja perfecta, y ahora no hablamos de romanticismo, que también, hablamos de esa persona que piensa igual que nosotros, anticipa nuestros golpes y nunca falla cuando más lo necesitamos.
El paso del tiempo nos va enseñando que esa figura impecable que buscamos no existe. Y sí, ahora sí hablamos de amor. Esto no iba a ser diferente en el pádel, claro. Así que, si nuestro objetivo es dar con el compañero perfecto para nosotros, más vale que vayamos haciéndonos a la idea de que perseguimos un imposible.
Hay algo que sí existe, no nos pongamos dramáticos. Sí podemos encontrar a una persona que esté dispuesto a aprender con nosotros, a ajustar su juego (o su forma de vivir) y a escucharnos incluso cuando las cosas no van bien. Esta vez nos hemos puesto pasionales con un toque padelístico para afirmar eso.

Esa idea de la “pareja perfecta” suena bien, pero rara vez llega a materializarse. Hasta las duplas más exitosas del circuito profesional, véase Coello y Tapia o aquella formada por Ale Galán y Juan Lebrón, han pasado por crisis, altibajos y momentos de desconexión.
Algo más que química
Lejos de hacerles peores, vivir esto les hace humanos y estratégicos. El talento y la conexión inicial ayudan, eso es cierto, pero no garantizan nada. Lo que realmente sostiene a una pareja es la capacidad de ajustar cuando las cosas no salen, de entender al otro en los días malos y mantener el foco cuando los errores pesan.
Muchas duplas de élite se rompen y no necesariamente porque falte nivel, sino porque falta gestión emocional. Como pasa en cualquier trabajo en equipo, en el pádel la técnica es el punto de partida, pero la empatía es el pegamento.

La importancia de entender a tu pareja de pádel
Como bien sabemos, cada compañero tiene su estilo, sus virtudes y sus carencias. Algunos lideran desde la calma, otros desde la intensidad. Lo verdaderamente importante no es cambiar al otro, sino aprender a complementarse.
En el caso del jugador inteligente, este no busca imponer su juego, sino descifrar el del otro para potenciarlo. Aunque pueda parecer una lección deportiva, es pura gestión de personas y lo vemos en muchos ámbitos de nuestro día a día.
Dentro de empresas, equipos o proyectos, ocurre exactamente igual: no trabajas con quien elegirías, trabajas con quien tienes. Por lo tanto, el resultado depende de cómo te adaptas, comunicas y construyes juntos.
Aprender a escuchar como punto de inflexión
Volviendo a la pista, ahí los silencios pesan tanto como las palabras. Bien sea una mirada tensa, una mueca tras un error o un gesto de frustración, no importa, todos ellos pueden cambiar el rumbo de un partido.

Por esa razón, aprender a escuchar al compañero más allá del sonido de la bola es lo que separa a las parejas que duran de las que se disuelven en medio de la temporada. Esa escucha activa también es clave fuera del deporte: los equipos que se hablan poco suelen ser los que se entienden menos.
Construir la pareja de pádel perfecta en lugar de buscarla
Llegados a este punto, somos del todo conscientes de que la “pareja ideal” no es que no exista, es que no se puede encontrar, pero sí construirse. Y eso pasa en lo bueno y en lo malo, a base de puntos compartidos, derrotas digeridas y pequeños ajustes diarios.
El pádel, en este sentido, nos enseña que no se trata de brillas más que el otro, sino de sincronizar el brillo. Al final, los campeones no son los que se entendieron desde el principio, sino los que decidieron seguir entendiendo al otro incluso cuando fue difícil. Y, por qué no, de eso también trata el amor.
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