Cada vez más jugadores profesionales de pádel están haciendo las maletas para instalarse en Dubái. La combinación de ventajas fiscales, calidad de vida y un entorno cada vez más conectado con el deporte ha convertido al emirato en uno de los destinos favoritos del circuito. Los últimos en anunciar su mudanza han sido Jon Sanz y Victoria Iglesias, ambos dentro del top 20 mundial.
Los puntos negativos al cambio
El cambio, sin embargo, no es tan sencillo como parece. Vivir lejos de España implica renunciar a sparrings habituales, entrenar menos con la pareja y pasar menos tiempo con la familia. Aun así, muchos jugadores consideran que el sacrificio merece la pena si a cambio obtienen estabilidad, oportunidades y una vida más cómoda.
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Los puntos a favor del cambio de residencia
La realidad es que el pádel se ha globalizado. El calendario de Premier Padel es cada vez más internacional, con menos torneos en España y más semanas viajando por todo el mundo. Si vas a pasar medio año entre aeropuertos, muchos jugadores prefieren establecer su residencia en un lugar que les ofrezca ventajas fiscales, buena logística y un entorno seguro y moderno. Dubái cumple con todo eso… y además abre puertas a nuevos patrocinadores, contactos y proyectos.
Sanz e Iglesias se suman así a una tendencia que ya iniciaron otros jugadores. Arturo Coello, por ejemplo, decidió instalarse en Miami la temporada pasada. Todos coinciden en lo mismo: no es una decisión fácil. Alejarse de casa duele, pero lo ven como un paso necesario para asegurar su futuro.
Eso sí, vivir fuera también tiene sus contras. Hay menos jugadores de nivel para entrenar, menos sesiones con la pareja y menos ritmo competitivo en el día a día. Coello y Tapia han demostrado que se puede ganar sin entrenar juntos a diario, pero no está claro que todos puedan replicar ese modelo.
Nuestro colaborador Álvaro Sánchez de El Padel De Hoy lo contaba en esta publicación:
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Aun así, la lista de jugadores que se marchan a Dubái puede seguir creciendo. Lo hacen por logística, por proyección de futuro y, por supuesto, por motivos fiscales. El debate está servido: ¿compensa realmente lo que se gana frente a lo que se deja atrás?
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