Miguel Lamperti vive a sus 47 años el tramo final de una carrera que ha marcado a varias generaciones. El argentino se prepara para despedirse tras más de veinte años en la élite, convertido en un símbolo del pádel moderno: carisma, entrega, conexión con el público y una forma de competir que lo ha convertido en uno de los jugadores más queridos del circuito. En una entrevista para La Bandeja, el programa de Premier Padel, Lamperti abrió una ventana íntima a su futuro inmediato y al rumbo que, según él, tomará este deporte en los próximos años.
Un legado que trasciende resultados: “Quiero que me recuerden por cómo soy”
Lamperti habló con naturalidad sobre su retirada y sobre la huella que desea dejar. Para él, lo esencial no está en los títulos ni en los números, sino en la forma de relacionarse con la gente. Confesó que su mayor deseo es que quienes lo han seguido durante décadas lo recuerden por su actitud, por su cercanía y por la energía que siempre transmitió dentro y fuera de la pista: “Que me recuerden como una buena persona y con una sonrisa, eso es lo más importante”.
También reivindicó esa personalidad que lo convirtió en un jugador único: alguien capaz de competir con intensidad, pero también de disfrutar cada punto como si fuera el primero.
La visión de Lamperti sobre el futuro táctico: un pádel sin etiquetas
Más allá de su despedida, Lamperti dejó una reflexión que ha generado debate en el circuito. Para él, el pádel está evolucionando hacia un modelo en el que las posiciones tradicionales perderán peso. Según su visión, el deporte se dirige hacia una estructura más flexible, donde los jugadores serán capaces de desempeñarse en ambos lados de la pista sin que eso suponga una especialización rígida: “Yo creo que en unos años no va a existir el jugador de derecha ni el de revés. Tendrás más características para jugar de revés o te sentirás mejor de derecha, pero ahora todos pueden jugar en los dos lados”.
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Lamperti sostiene que la formación actual ya apunta en esa dirección: jugadores más completos, más preparados para alternar funciones y más capaces de adaptarse a las exigencias del partido. Aunque reconoce que el pádel nació con una lógica muy marcada —un diestro y un zurdo complementándose—, cree que el futuro será distinto, más híbrido y menos encorsetado.
En su análisis también destacó la figura de Fede Chingotto, a quien considera un ejemplo excepcional del drive clásico. Para Lamperti, el argentino representa la excelencia de un rol que, aunque evolucione, seguirá siendo fundamental para construir puntos, equilibrar el ritmo y sostener a la pareja en los momentos clave.

Lamperti se marcha, pero deja una lectura profunda sobre el deporte que ayudó a construir. Su visión no es solo una opinión: es la perspectiva de alguien que ha vivido todas las etapas del pádel y que entiende mejor que nadie hacia dónde se dirige. Y, como siempre, lo hace con la autenticidad que lo convirtió en una leyenda.
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