Final a la temporada regular, final al Mexico Major. Un torneo que, sin discusión, ha sido el más frenético del año y el que más frentes nos deja para interpretar. A la espera del Finals, la mayoría de jugadores ya miran de reojo a sus vacaciones. Pero antes, toca poner orden a todo lo que se ha vivido en Acapulco.
El techo está más arriba de lo que creemos
Once títulos y solamente no han disputado dos finales. Esa estadística, por sí sola, cuenta la historia de Arturo Coello y Agustín Tapia en este 2025. Han vuelto a alcanzar el clímax competitivo en el país donde nació el deporte al que todos estamos enganchados, pero la verdadera pregunta es otra: ¿dónde acaba su límite?, ¿qué frontera les queda por romper?
Es fácil mirar hacia atrás y colocar nombres legendarios como Juan Martín Díaz o Fernando Belasteguín en el horizonte. Eran otros tiempos, otros ritmos, otro circuito. Pero el desafío para Coello y Tapia no es emularlos ni superarlos: su único enemigo son ellos mismos. Su química es un tesoro competitivo. Tienen un círculo íntimo que funciona como un mecanismo de relojería y un equilibrio emocional que muy pocas parejas han alcanzado en la historia del pádel.
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Son ese tipo de detalles —intangibles, casi invisibles— los que convierten un proyecto en leyenda.
Y en la otra cara de la monedas están Galán y Chingotto. No hay más que rendirse ante su temporada: la fiereza competitiva de Ale, ese tesón que roza la obsesión por mejorar; y la grandeza silenciosa de Chingotto, un jugador que dignifica este deporte cada vez que pisa la pista. Sin hacer ruido, sin vender humo, siendo el que más mérito tiene del circuito por lo que aporta, por lo que construye, por lo que transforma en cada punto.
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Otra temporada que estos cuatro jugadores nos regalan una rivalidad monumental. Otra temporada en la que el pádel toca un nuevo pico de calidad. Y, lo importante: cada vez están más cerca unos de otros.
El dilema eterno: cambiar para mejorar… o cambiar por desesperación
Vamos a plantearlo como un ejercicio de lógica que resolvería cualquier niño: ¿qué tienen de especial las parejas 1 y 2 respecto al resto del circuito?, ¿cuánto tiempo llevan juntas?, ¿realmente tiene sentido cambiar de compañero cada dos meses?
La ironía aquí es inevitable, pero el trasfondo es serio. Sabemos que la estabilidad es el camino ideal, pero la superioridad abrumadora de las dos mejores parejas erosiona la paciencia del resto. No es sencillo construir un proyecto cuando cada semana tienes la sensación de que juegas a otro deporte respecto a los de arriba.
Este Mexico Major también nos dejó el debut más esperado en años: Lebrón y Augsburger. Pese a caer ante la primera pareja de élite a la que se midieron —y no contra cualquiera, sino contra Chingalán—, dejaron sensaciones muy prometedoras. Leo, especialmente, mostró que está preparado para competir desde ya en la élite, con un margen de mejora enorme y un techo que apunta alto.
La cuestión no es si su proyecto funcionará: la cuestión es cuánto tiempo les darán para que cuaje.
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2026: el laboratorio ya está encendido
Aunque queda el Finals, es imposible no mirar al futuro inmediato. Están empezando a llegar los rumores y hay movimientos que podrían reordenar medio circuito. El más ruidoso: la vuelta de Stupa y Yanguas.
Pero hay más piezas en el tablero. ¿Puede Di Nenno elegir a Coki? Difícil, por equilibrio y perfiles. ¿Cómo volverá Cardona a escena tras su larga lesión? Todo apunta a que va a ser de los jugadores más demandados. Y cada vez hay menos combinaciones que parezcan evidentes.
Pero este fenómeno se acentúa mucho más en categoría femenina, aquí ya va a ser el no va más. Primero, vamos a suponer que Gemma y Delfi siguen juntas que sería lo más normal. La posible ruptura de Ari y Paula podría suponer todo un terremoto y las duplas que se pueden formar son de lo más atractivas. Martina Calvo va a tener el móvil a reventar también.
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El Finals de Barcelona (8 al 14 de diciembre) será el epílogo perfecto. Solo entran los 16 mejores del mundo y el ambiente es otro: más íntimo, más técnico, más simbólico. Un broche especial para una temporada que ha ido de menos a más y que en México encontró uno de sus puntos culminantes.
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