Gran semana de torneo que hemos vivido durante el arranque de la gira española en el Martín Carpena. Si el Málaga P1 del año pasado fue clave en el despegue de Tapia y Coello, la edición de esta temporada ha podido dilapidar el ranking.
No existe rival
Durante meses hemos escuchado mil teorías: que si Galán debería separarse de Chingotto para desbancar a los números 1, que si Cardona, que si Yanguas, que si El Regreso… pero la realidad es tozuda: nadie se le acerca realmente a Arturo y Agus.
Estamos viviendo una época que remite a los años dorados de Bela y Lima. Tapia y Coello compiten a un nivel tan superior que, por momentos, parece que ni Ale ni Fede logran encontrarles la vuelta. Pueden darles batalla en un partido suelto, pueden incluso apearlos de una final de forma puntual, pero a medio y largo plazo la balanza siempre cae de su lado.
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¿Qué alternativa les queda a Galán o Chingotto para hacer frente a esta pareja imantada al éxito? Lo único que les queda es agitar el avispero, poner a prueba su paciencia… y esperar que, algún día, la maquinaria de Tapia-Coello no engranen con la misma precisión.
Porque además, Stupa y Lebrón tampoco han alcanzado esa regularidad que están imponiendo las otras dos parejas. Da la sensación de que existen dos rankings paralelos entre las parejas aspirantes y las que realmente están en la lucha por títulos.
El deporte siempre da segundas oportunidades
Hace exactamente un año, Bea González vivió uno de los momentos más duros de su carrera: retirada forzosa en su propia casa por una lesión en el pectoral, la imagen de la Perla abandonando la pista malagueña resonó con un eco de derrota y desencanto. Aquellas molestias no solo truncaron su torneo, sino que dieron paso a una pesadilla de lesiones que supuso el fin de las Superpibas.
Sin embargo, el pádel y la vida suelen reservar segundas oportunidades para quienes jamás dejan de soñar. Un año después, Bea regresaba al Martín Carpena convertida en protagonista de un auténtico drama de redención. Junto a Claudia Fernández, tejieron un torneo impecable: apenas 14 juegos encajados en todo el campeonato y una final para el recuerdo, despedida con un contundente 6-2/6-1.
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Bea González deja en Málaga una lección de coraje y determinación. Su triunfo no solo recupera la gloria perdida, sino que inspira a todos los que han vivido el sabor amargo de la derrota. Porque, al final, el pádel no entiende de rendiciones: siempre hay margen para el renacer.
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