Tras una semana entera de competición, se puede decir sin miedo a exagerar que el Málaga P1 ha sido uno de los mejores torneos de lo que llevamos de temporada. Es cierto que el ranking se acabó imponiendo, pero Andalucía tiene algo especial: siempre nos regala postales.
La intangibilidad colectiva y la emoción como estrategia
¿Hasta dónde debe llegar el factor emocional en el deporte de élite? ¿En qué momento supera al factor frío y estratégico? Es uno de los debates más recurrentes entre los profesionales del alto rendimiento, y esta semana en Málaga hemos tenido un ejemplo de manual. Durante gran parte de la semifinal, Silingo dejó en un segundo plano lo puramente táctico y se centró en trabajar el terreno emocional con sus jugadores.
El quid de la cuestión está en el momento exacto y en el tipo de persona que tienes delante. No todos los jugadores procesan la presión igual, y ahí es donde entra el oficio de un entrenador: saber cuándo hablarle a la cabeza y cuándo hablarle al pecho. Los resultados avalan la tesis. Paquito Navarro es quizá el ejemplo más claro del circuito: su rendimiento depende, casi en exclusiva, de que ese interruptor emocional esté encendido. Y el propio Silingo lo demostró el sábado, reconduciendo a Lebrón en plena semifinal contra Galán hasta llevarlo a ganar un partido que, sobre el papel, se le estaba escapando.
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Pero todo intangible tiene su reverso. Ese mismo factor que te empuja hacia arriba puede convertirse en grieta cuando las cosas se tuercen, y ahí es donde Coello y Tapia juegan otro partido. No es que no necesiten emoción, son humanos, faltaría más, pero rara vez llegan a ese punto de sentirse superados por un rival. Y ese margen, esa capacidad de no depender del subidón para rendir, se combina con otra cosa que ya no se entrena en ninguna pretemporada: el tiempo compartido. Son, sencillamente, el mejor equipo del circuito ahora mismo, y ese intangible, el de conocerse hasta el detalle, fue determinante en la final del domingo.
Las narrativas que necesita el pádel
Vivir el deporte y la competición es esto: ver a Paquito subido a la mesa del DJ pinchando su himno particular, o a Juan Lebrón corriendo como pollo sin cabeza alrededor de la pista mientras todo el Carpena celebraba con él. Y sobre todo esto último: el pique con Ale Galán, que venía cociéndose desde antes de que empezara el partido.
Te puede gustar más o menos, pero situaciones así son las que hacen crecer un deporte. Tomar partido, defender lo tuyo, ser vehemente, disfrutar de la narrativa como se disfruta de una buena serie. Desde días antes del choque, todo el mundo tenía la vista puesta en esos dos nombres y en lo que iba a pasar cuando se cruzaran en pista.
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Sin ese contexto, sin esa historia previa, el tie break del tercer set no habría tenido ni la mitad de intensidad. No nos habría dejado las imágenes que vimos el sábado. Y, en resumen, el pádel habría sido un poco menos pádel.
Gemma y Delfi rompen la racha
En sus últimos enfrentamientos frente a Bea y Paula, Triay y Brea venían de perder la mayoría, con un cara a cara que quedaba 5-1 a favor de las número dos antes de esta final. Con este título, el marcador se ajusta a 5-2 y, sobre todo, mandan un mensaje: y lo hacen, además, en la tierra de Bea González. Queda mucha temporada por delante, no están muertas, y de momento, siguen liderando la Race.
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Los Majors se presentan ya como los torneos que prácticamente van a decidir el número uno. La diferencia de puntos entre ambas parejas va a ser mínima, y no sería extraño que todo se acabase resolviendo de la forma más épica posible: en un solo partido.
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