Tras una semana de competición en la que el público belga ha abarrotado las gradas desde primera ronda, ya tenemos campeones del Bruselas P2. Y, como manda el ranking, las dos mejores parejas del mundo se coronaron justo antes del parón.
Ari y Paula vuelven a la senda de la victoria
Desde el pasado 17 de febrero, las número uno no conseguían levantar un título. En esta ocasión, en Bruselas, se reencontraron en la final con su gran némesis de la temporada: Gemma Triay y Delfi Brea. Un duelo en el que los puntos y el premio económico quedaban en un segundo plano. El objetivo principal para Ari Sánchez y Paula Josemaría era cortar de raíz la racha de victorias de las hispano-argentinas.
El golpe anímico de una nueva derrota podría haber sido duro para las líderes del ranking. Triay y Brea cada vez están más cerca en la clasificación y llegaban con el historial a favor: 0-3 en enfrentamientos directos esta temporada y cuatro títulos ya en su bolsillo.
Además, si había algo que se les estaba reprochando a Ari y Paula en este inicio de curso era la irregularidad: partidos sufridos, remontadas en contra, falta de contundencia frente a rivales a las que antes dominaban con solvencia. Sin embargo, todo eso quedó atrás en la pista central de Bruselas.
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Con un sólido 6-2 y 6-4, las número uno se proclamaron campeonas, lanzando un mensaje contundente tanto a sus rivales como a ellas mismas. Un triunfo que les llega como agua de mayo antes del parón, perfecto para recargar pilas con las mejores sensaciones.
Se juega a lo que quiere Tapia
La final masculina también medía a las dos mejores parejas del ranking. Un partido que, a diferencia de otros duelos anteriores, estuvo marcado por el desorden, el ritmo lento y numerosos errores por parte de los cuatro protagonistas.
Chingotto y Galán fueron quienes mejor arrancaron, mostrando un pádel más reconocible y efectivo. Aprovecharon su buen arranque para llevarse el primer set por un claro 6-2. Coello y Tapia, por su parte, comenzaron apagados, sin encontrar su mejor versión.
Todo cambió a partir del 3-3 en la segunda manga. Ahí, los número uno lograron una rotura de servicio agónica que les dio vida. Subieron su nivel de juego, forzaron el tercer set con un trabajado 6-4 y, a partir de ahí, el partido cambió de dueño.
Agustín Tapia, casi desaparecido en combate hasta entonces, despertó para convertirse en el gran protagonista. El Mozart empezó a firmar esos golpes anatómicamente cuestionables por los ligamentos de la mano, recuperaciones imposibles… todo aquello que define a este genio. Su compañero, Arturo Coello, supo acompañarlo desde la solidez habitual.
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Con Tapia desatado y Coello blindando la pista, los número uno pasaron por encima de Chingotto y Galán en el set definitivo, cerrando la final con un contundente 6-1. Una vez más, se jugó a lo que quiso Agustín Tapia.
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