La historia de Arturo Coello es de esas que combinan talento, sacrificio y un compromiso familiar inquebrantable. Desde sus primeros pasos en el pádel, su entorno más cercano apostó todo por su sueño: su padre organizando su jornada laboral para llevarle a entrenar varias veces al día, su madre renunciando a oportunidades laborales para estar disponible, y él, con una autoexigencia que no dejaba margen a la mediocridad.
El propio Coello recuerda en la cuenta de Instagram Desde Dentro del Padel cómo, en un momento clave, pidió a su madre que no aceptara un trabajo: “Dame un año y te aseguro que te doy lo que necesites. Voy a pegar el petardazo”. No era una frase vacía: estaba convencido de que su nivel y su momento deportivo le permitirían dar el salto definitivo. Esa confianza se forjó en miles de horas de entrenamiento, en noches frías con su madre esperándole en el coche a temperaturas bajo cero, y en la certeza de que no podía fallarles. Como él mismo reconoce: “Si yo no me dejaba la vida era un fracaso, ya no solo como deportista si no como persona”.
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Hoy, convertido en número uno del mundo y con una racha de victorias que lo han hecho habitual en lo más alto de los podios, Coello vive la recompensa de aquellos años de trabajo en la sombra. Pero su relato deja claro que, detrás de cada título, hay una historia de renuncias, apoyo incondicional y una fe absoluta en que el esfuerzo —cuando se acompaña de disciplina y talento— acaba dando frutos.
Si quieres ver esta entrevista completa que publicaron en Desde dentro del pádel hace 3 años puedes hacerlo aquí:
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