Dos leyendas de los deportes de raqueta, Roger Federer y Fernando Belasteguín, coincidieron en un evento organizado por Wilson durante la Laver Cup, regalando a los presentes un momento tan inesperado como divertido. El suizo y el argentino, referentes absolutos en tenis y pádel respectivamente, comparten no solo patrocinador, sino también un legado marcado por la excelencia, la competitividad y la elegancia dentro de la pista.
La escena que se robó todas las miradas llegó cuando Belasteguín, conocido como el Boss, firmaba su pala para Federer. En ese instante, el ex número uno del tenis mundial decidió romper el protocolo con una broma que desató las risas de ambos: “Soy Roger”, dijo con ironía mientras recibía la dedicatoria. El gesto, espontáneo y cercano, quedó inmortalizado en las redes sociales del jugador de Pehuajó.
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Respeto mutuo y admiración
Acostumbrado a compartir momentos con grandes figuras del deporte, Belasteguín confesó que esta vez la situación le puso especialmente nervioso. “Nunca me había temblado tanto la mano para firmar un autógrafo”, admitió, reconociendo la impresión que le causó la presencia de Federer. En su mensaje, el argentino aprovechó para destacar el carisma del suizo y el respeto que siempre ha sentido por deportistas de su talla, mencionando nombres como Messi, Cruyff o Nadal.
El encuentro no terminó ahí. Bela lanzó un guiño deportivo a Federer, invitándole a que la próxima vez se vean en una pista, ya sea de pádel o de tenis. Una propuesta que, de materializarse, sería sin duda otro momento histórico para los aficionados.
Intercambio de recuerdos
El acto también incluyó un intercambio de objetos firmados: Federer dedicó su raqueta de tenis a Belasteguín, mientras que el argentino hizo lo propio con su pala. Un gesto simbólico que unió, al menos por un día, dos disciplinas distintas pero hermanadas por la pasión y el respeto mutuo.
Belasteguín, que reinó durante 16 años como número uno del mundo en pádel, cerró su publicación agradeciendo a Wilson por hacer posible el encuentro y subrayando que, más allá de la anécdota, lo que queda es la admiración entre dos deportistas que han marcado época.
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