La imagen de Fede Chingotto en la pista es la de un torbellino: energía, espectáculo y una capacidad innata para encender a la grada con golpes imposibles. Pero la conversación que mantuvo con El4Set dejó ver otra dimensión menos visible: la de un jugador reflexivo, agradecido y con una ambición medida que convive con la serenidad personal. Esa mezcla explica por qué sigue siendo una de las voces y figuras más relevantes del pádel mundial.
Una rivalidad que eleva el nivel
En lo deportivo, la rivalidad con Arturo Coello y Agustín Tapia ocupa un lugar central en su relato. Lejos de alimentar tensiones, Chingotto describe esa competencia como intensa pero sana: “Queremos entrar en la cancha y matarnos… pero la rivalidad que tenemos es super sana”. Esa frase resume la doble naturaleza del circuito: duelos que elevan el nivel y, al mismo tiempo, relaciones de respeto que enriquecen el espectáculo. La rivalidad no solo decide títulos; también marca tendencias tácticas y obliga a todos a reinventarse constantemente.

El punto de inflexión en su temporada llegó en Roma 2025 junto a Alejandro Galán. Allí, según Chingotto, encontraron la mejora que buscaban y la plasmaron en la pista. Aquel torneo les dio confianza y la sensación de estar más cerca de su mejor versión.
Sin embargo, la temporada también dejó una espina: quedarse sin el número uno en México fue un golpe duro. “Fue duro… encontrás un vacío duro, tanto esfuerzo y moriste en la orilla”, reconoció. La decepción, no obstante, fue breve; en apenas minutos supo relativizar y valorar lo conseguido: “¿Cuánto me duró? 10 o 15 minutos”, dijo, para añadir que pronto vieron el vaso medio lleno y entendieron que habían firmado una gran campaña.

Equilibrio personal y ambición contenida
La relación con Alejandro Galán es otro pilar de su carrera. Chingotto no duda al afirmar que Galán es su compañero ideal y que se retiraría con él porque está “súper a gusto”. Esa sintonía se percibe en la pista y fuera de ella, y es uno de los factores que explican su consistencia como dupla.
Sobre si el pádel le debe algo, su respuesta fue rotunda: “No. Porque creo que me lo ha dado todo”. Esa gratitud se mezcla con una ambición concreta: en una autoevaluación simbólica se puso un 95 y se marcó como objetivo subir “a 96 o 97” a final de 2026.

Fuera de la pista, Chingotto mostró una faceta más íntima y humana. Aunque suele mostrarse alegre y extrovertido, admitió que carga con preocupaciones como cualquier persona. La distancia con la familia es uno de los pocos reproches: “Lo único que cambiaría es poder teletransportarme para poder ver a mi familia más seguido”.
En ese terreno, la estabilidad sentimental ha sido clave: “Tener el corazón lleno ayuda mucho… sobre todo cuando las cosas no van tan bien tienes algo más por lo que luchar”, reconoció sobre su pareja, cuya presencia le aporta serenidad y equilibrio emocional.
El amor por el juego aparece como su cable a tierra. Tras elogiar a Delfi Brea, a quien considera un referente, Chingotto confesó que entrar en una pista es su forma de reconectar: “Mi cable a tierra siempre es entrar en una cancha de pádel porque amo mucho este deporte y disfruto”. Esa pasión se traduce en una disposición casi inagotable: aunque agradece algún día de descanso al final de la temporada, asegura que si le proponen jugar una hora y media no lo duda.
El retrato que dejó Fede Chingotto en El4Set es el de un jugador completo: espectáculo y técnica en la pista, reflexión y agradecimiento fuera de ella. Su capacidad para relativizar las derrotas, su apego a las relaciones personales y su ambición contenida lo sitúan como una de las figuras más carismáticas del pádel actual. Mientras mantenga ese equilibrio, el circuito seguirá disfrutando de uno de sus protagonistas más intensos y auténticos.
|
Te puede interesar: |























