El estreno de Premier Padel en el continente africano no podía haber salido mejor. El Pretoria P1 ha bajado ya el telón y se postula, sin complejos, como uno de los mejores torneos de la temporada hasta la fecha. Nos deja estampas impresionantes, muy propias de Sudáfrica, y una lista de sorpresas que se le atraganta a cualquier pronóstico. Esto es todo lo que nos deja África.
Un estreno a la altura
Ya lo avisamos a principio de semana: con la altitud a la que se asienta Pretoria, la sede más alta de todo el calendario, la bola iba a volar. Y voló. Se ha jugado con una pelota especial de Bullpadel, que ni siquiera se comercializa, pensada para llevar mucha menos presión. Y aun así, la pista ha terminado siendo una de las más rápidas del año, quizá medio punto por detrás de Valladolid.
No han faltado las quejas de varios protagonistas, porque es cierto que, a día de hoy, tres cuartas partes de las pistas del circuito son extremadamente rápidas. El propio Coki Nieto lo dejó claro a través de sus redes:
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Paquito Navarro, por su parte, ha planteado en más de una ocasión la idea de organizar pequeñas “giras” o “minitemporadas” con distintas superficies o condiciones de pista, algo parecido a lo que ocurre en el tenis, donde la velocidad cambia según la superficie y la fase de la temporada. De esta manera, cada jugador terminaría especializándose en unas condiciones concretas, como Nadal en tierra batida o Federer en hierba. Veríamos espectáculos distintos y formas distintas de entender esta disciplina. Y aun así, seamos honestos: un jugador como Arturo Coello se adaptaría a cualquier condición y seguiría ganándolo todo.
Las sorpresas tienen nombre propio
Lo bueno de unas condiciones así es que las sorpresas se disparan. La bola es más difícil de controlar, hay muchas menos roturas de servicio y los partidos terminan decidiéndose por un puñado de puntos. Ya lo hemos comprobado en Pretoria, con jugadores acumulando una cantidad de errores no forzados que se sale de lo habitual.
Pero, por encima de todo esto, se erigen Javi Leal y Fran Guerrero. Nadie se ha adaptado mejor a estas condiciones que ellos: jugaron un pádel prácticamente perfecto para el contexto, todo resuelto por abajo con una finura impecable, y con la chiquita justa para subir a la red con el pecho descubierto cuando tocaba.
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Han sido el nombre propio del torneo, y su derrota por la mínima en la final ha sido, la verdad, lo de menos. Esta pareja demuestra que los equipos todavía existen, y que unirse por algo más que por los puntos del ranking tiene sentido y da sus frutos.
El miedo bueno de Pretoria
En muchas ocasiones, sobre todo los medios de comunicación y la opinión popular tienden a endiosar a deportistas y atletas para construir narrativas, generar expectación, morbo. Ha pasado con la prensa deportiva nacional y la larga lista de nuevos Messis que hemos visto aparecer, y desaparecer, a lo largo de las últimas décadas.
Da miedo pensar que podamos estar cayendo en lo mismo con Martina Calvo y Claudia Fernández, pero es que da la sensación de que ellas ya están preparadas para todo. Vale que ha sido su primer torneo juntas, que todavía es pronto y que les quedan muchas derrotas dolorosas antes de asentarse en la madurez deportiva. Pero es que van a ser número uno.
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Pertenecen a una terna que cierra Andrea Ustero: entre estas tres jugadoras está el futuro del pádel profesional femenino. Es algo tan evidente que casi asusta, un relevo generacional que ha llegado antes de lo previsto y que todo apunta a que va a durar.
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