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La entrevista sin filtros más personal de Edu Alonso: “La ambición y la frustración son exactamente lo mismo”

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Edu Alonso atendió a Padel Addict hace unos días en Mumbai, en plena World Padel League, en la conversación más larga y personal de las tres que hemos hecho estos días en la India. Aquí no hay solo balance de resultados: hay una radiografía completa de cómo piensa un jugador que, con menos talento que otros según reconoce él mismo, ha conseguido meterse más arriba que muchos de ellos en el ranking. Entrenamiento, frustración, el Mundial y su futuro con Aimar Goñi, todo pasa por esta charla sin filtros.

Entrevistamos a Edu Alonso en exclusiva

P: ¿Cómo está Edu Alonso? ¿Cómo llevas esta primera mitad de temporada, aquí en Mumbai?

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R: Bien, la verdad. Estamos en un sitio bastante bonito, con piscina, spa, pista de pádel… La primera mitad de temporada ha ido bien: hemos tenido momentos mejores y peores, pero en general el balance es positivo, sobre todo porque he encontrado, con Aimar, un proyecto que espero que sea a largo plazo y que me ilusiona mucho. Los resultados se están dando y el trabajo está yendo bien, así que estoy muy contento.

P: ¿Es tu primera vez en el World Padel League? ¿Cómo está siendo la experiencia?

R: Sí, es mi primera vez. El trato ha sido muy bueno, tanto el hotel como el estadio me han encantado. Me parece un país curioso, nunca había estado en un sitio así: la cultura es muy diferente, hay mucha gente en la calle… me sorprende, por ejemplo, que la mayoría va descalza, incluso la gente que trabaja en las pistas. Aquí estoy jugando en el equipo con Juan -veníamos de jugar juntos- y he disputado los dos partidos con él: el primero lo perdimos pero nuestro equipo ganó, y el segundo lo ganamos pero el equipo perdió, así que no hemos ido muy sincronizados con el resultado general.

P: ¿Cómo ves el formato por equipos?

R: Es un formato diferente a lo que estamos acostumbrados, y en agosto, para el aficionado, no suele haber mucho más en el calendario.

P: ¿Qué espacio le das a este tipo de exhibiciones dentro de tu planificación del año? El peso económico tira mucho…

R: El espacio que le doy, sobre todo a exhibiciones como esta, es pequeño. No te voy a engañar: organizo mi plan de competición en función de la cantidad de entrenamientos que pueda hacer, y cuantos más y de mejor calidad, mejor para mí. Estas semanas tienen que existir, porque son una oportunidad de vivir experiencias nuevas y de ganar un dinero que en otros torneos quizá no ganaríamos, pero yo doy mucha prioridad a las semanas de entrenamiento y a estar en casa, sobre todo por la cantidad de días que pasamos fuera, viajando, sin poder entrenar, comer o dormir bien. La base de mi mejora son los entrenamientos: cuanta más calidad y cantidad tenga, más voy a mejorar.

Creo que, al no considerarme tan talentoso como otros jugadores, paso más horas en la pista: es la base de mi confianza.

P: ¿Cómo se le puede desajustar un golpe a un top del ranking?

R: Sí, se desajustan. A todos, en mayor o menor medida, se nos van reapareciendo pequeños vicios si no entrenamos la técnica. En mi caso, me cuesta pegarle plano al revés: tengo que concentrarme mucho para hacerlo bien. Si durante el año no entreno ese golpe, no es que se me olvide, pero noto que le pego peor, y esa pequeña diferencia puede acabar cambiando un partido entero. Técnicamente se desajusta porque, si estás nervioso, tiendes a hacer lo que te resulta cómodo, no lo nuevo, aunque lo nuevo sea mejor. En cuartos contra Paquito perdimos por un break; si llego a pegarle bien a esa bola, igual no me lo hacen. No lo sé, pero lo pienso así. Y es una realidad: cuando uno va mejorando los tiros, no solo tu juego mejora, tu juego mejora porque la táctica de ellos cambia.

P: ¿Cuándo se toma vacaciones Edu Alonso?

R: Yo también soy un poco enfermo del trabajo. Si estoy de vacaciones, ando un poco rayado, la verdad, y eso lo estoy trabajando ahora con mi psicóloga. Creo que, al no considerarme tan talentoso como otros jugadores, paso más horas en la pista: es la base de mi confianza. Con el tiempo he entendido que descansar es necesario, pero al estar tan acostumbrado a trabajar me cuesta mucho no sentirme mal cuando no lo estoy haciendo.

Pero creo que todo el que quiere ser el mejor del mundo en algo tiene que pasar una época de su vida obsesionado con eso que quiere lograr, porque si no, es muy complicado.

P: ¿Crees que esa dificultad para desconectar suma o resta?

R: Te doy mi opinión honesta: creo que suma, siempre que la cabeza lo tolere. Hay que encontrar un equilibrio, pero cuanta más capacidad de trabajo tengas, más probabilidades tienes de mejorar. En mi caso, parte mucho de las ganas que tengo de ganar y de lo mucho que odio perder, y eso no tiene por qué ser negativo, aunque sí puede serlo si te pasas de rosca. Pero creo, sin miedo a equivocarme, que todo el que quiere ser el mejor del mundo en algo -el mejor jugador, el mejor abogado, lo que sea- tiene que pasar una época de su vida obsesionado con eso que quiere lograr, porque si no, es muy complicado.

 

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Hay diferencia entre dos caminos que puedes coger: uno que prioriza el trabajo profesional y se vuelca en lo que quiere lograr, y otro en el que uno prioriza más el bienestar social y familiar, basa su felicidad en las relaciones personales, y lo profesional es simplemente lo que le da de comer. Depende de la persona. A veces es difícil compartir esto con mi entorno, porque ninguno de ellos ha querido dedicarse a ser lo mejor posible en su trabajo, así que les cuesta entender las decisiones que voy tomando. Para ellos, no tener vacaciones en verano es una locura; yo llevo así unos seis años.Me dicen que estoy loco, pero es la forma que tengo de verlo, y tenemos la suerte de que nos gusta mucho, si no sería muy difícil. Respeto los dos caminos: sé que el mío es el que elegí porque es el que más me llena, pero también sé que existe el otro, y hay cosas de cada uno que el otro no entiende del todo. Y eso pasa incluso con mi madre, mis hermanos o mi representante, que están ahí apoyándome, pero muchas veces me dicen cosas con las que pienso bastante distinto. Es complicado, pero en eso también está el enriquecerse.

¿Cuántas veces has visto un jugador -no ya de pádel, imagínate de fútbol- del que dices “este tío lo tiene todo para llegar y no llega”? Tengo la teoría de que es porque no se atreven a lidiar con el dolor que produce la derrota cuando de verdad lo estás dando todo.

P: ¿Tiene que aparecer sí o sí la frustración en un jugador profesional con esta obsesión por mejorar?

R: Sí, claro, es la contraposición, la moneda de cambio, el precio a pagar. El otro día lo hablaba con mi psicóloga: ¿cuántas veces has visto un jugador -no ya de pádel, imagínate de fútbol- del que dices “este tío lo tiene todo para llegar y no llega”? Tengo la teoría de que es porque no se atreven a lidiar con el dolor que produce la derrota cuando de verdad lo estás dando todo. Es muy difícil dedicarte en cuerpo y alma a algo y poder soportar ese dolor, porque cuando das toda tu vida por algo que quieres lograr, el dolor del fracaso es el doble: sientes que estás perdiendo tu vida. No todo el mundo tiene la capacidad de aguantar eso.

Por eso hablo con mi psicóloga de que también hay que tener vida fuera de la pista: si sientes que te hundes después de cada derrota, al final es contraproducente. Hay que encontrar el amor también. El amor, aunque suene utópico, es algo que a mí me impulsa mucho: me hace feliz ganar porque sé que, si tengo una buena carrera, el día de mañana le puedo regalar a mi madre una casa en la playa, o ayudar a mi hermano a pagarse la carrera si quiere estudiar. Poder ayudar a la gente que quiero me motiva mucho a seguir mejorando.

P: ¿No crees que también se puede ver de otra manera: dar tu cien por cien y estar tranquilo con el resultado que consigas, sea el uno o el diez?

R: Claro, eso es lo que dice Nadal muchas veces: peor sería retirarte pensando que diste un setenta por ciento pudiendo dar el cien. Estoy convencido de que cuando me retire, si sé que di mi cien por cien, me voy a dormir tranquilo. Pero eso se piensa así cuando te retiras; ahora, siendo joven, lo vivo todo mucho más pasional. Hay una línea muy fina entre saber que has dado todo y pensar qué podrías haber hecho mejor para seguir mejorando. La ambición y la frustración son exactamente lo mismo: una línea muy fina y muy difícil de equilibrar. Si estás conforme, es más difícil que busques la mejora; si no lo estás, la buscas, pero vives insatisfecho. Hay que valorar tanto lo bueno como lo malo: es tan malo no ver los errores como no ver lo positivo. A mí me ha pasado que me centraba tanto en lo que estaba mal que, si no reforzaba lo que hacía bien, no lo hacía mío y no lo podía repetir. Pero estoy convencido de que, al final de mi carrera, podré decir tranquilamente que lo di todo, y eso es una tranquilidad muy grande.

 

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P: Hoy en día el cuadro masculino está a cuchillo. ¿Te frustra no poder ganar aún a parejas como Coello-Tapia o Chingotto-Galán?

R: Te soy honesto: no me frustra, porque trato de ser humilde y realista, y es el deporte. Eso no quiere decir que cuando entro a la pista no piense que puedo ganar, pero la realidad, y lo dice la estadística, es que hoy por hoy es muy difícil ganarles a esas parejas. Te voy a dar un dato: no me frustro tanto porque siento que, aun teniendo menos talento que otros jugadores, estoy en una posición del ranking más arriba que ellos. Eso me da tranquilidad: si miro para atrás, veo gente con más habilidad que yo que no está donde estoy. Siento que estoy gestionando bastante bien mi carrera, aunque podría estar más arriba, y con la habilidad que tengo sigo pensando que puedo llegar. No me conformo, intento encontrar la manera, aunque sé que es muy difícil.

El gran problema del pádel es que la culpa siempre la tiene el compañero: tu mejor compañero siempre es el que no tienes.

Es verdad que, cuando entras a la pista, muchas veces uno se miente a sí mismo, y hay que mentirse. Yo, por ejemplo, me miento bastante, pero a veces esa mentira acaba pasando a ser realidad. Hay un jugador en concreto -no quiero dar nombres, aunque sea algo positivo- que tiene la estatura que tiene, que le pega más flojo que el resto, y que hoy compite tranquilamente con dos jugadores prácticamente inhumanos. ¿Cómo puede pensar ese jugador que le va a ganar a alguien que mide dos metros o a otro que le pega con los ojos cerrados y aun así gana de todos lados? Para mí, tuvo que mentirse hasta el punto de conseguirlo, y lo convirtió en realidad. Yo intento fijarme un poco en eso.

P: El pádel es un deporte especial en ese sentido: el ranking es individual, pero dependes de un compañero que puede ayudarte o lastrarte.

R: Sé por dónde vas, y es una realidad. El gran problema del pádel es que la culpa siempre la tiene el compañero: tu mejor compañero siempre es el que no tienes. Por peor que hayas jugado un partido, siempre encuentras la manera de echarle la culpa: podría haber apretado más. Creo que, en el pádel, es difícil llegar al máximo rendimiento en gran parte por eso, porque es muy fácil usar al compañero como vía de escape, como excusa. Pero esa excusa, a la vez, te mata por dentro: por suerte mi entrenador me ha enseñado que no importa cómo juegue tu compañero, porque siempre hay algo que tú puedes sacar en claro para mejorar. Mi revés sigue siendo peor, aunque mi compañero haya jugado mal ese día. Tengo que seguir centrándome en lo mío, porque es lo único que está en mi control. Es más difícil, porque la responsabilidad recae sobre ti, pero es la única manera de seguir mejorando. Sí creo que a veces un compañero te puede lastrar, pero también te puede impulsar: si lo enfocas bien, puedes lograr cosas más grandes que estando solo, porque tu compañero suele tener aptitudes que tú no tienes. Yo siempre intento potenciar lo positivo del mío y disimular sus carencias en función de cómo estoy jugando.

P: Hoy en día parece que las parejas se forman más por puntos que por sensaciones en pista. ¿Por qué crees que se ha perdido eso?

R: Tengo una teoría, es una opinión personal, no sé si es cierta. Creo que cada día es más complicado hacer equipo con alguien, por varias razones. Primero, porque con la cantidad de torneos que hay es fácil quemarte compitiendo cada semana. Pero sobre todo es difícil porque, si tienes dos entrenadores distintos o un compañero que ve el pádel de una manera muy diferente a la tuya, cuesta mucho ponerse de acuerdo, a no ser que lo trabajéis mucho -a mí me ha pasado-. Y hay algo que he descubierto: el plan de trabajo conjunto es fundamental. Si no tienes un plan claro en el que veas mejoras posibles con tu compañero de manera conjunta, es muy difícil no querer cambiarlo.

A mí me resulta muy difícil querer cambiar a Aimar, porque, aunque pegue mal el revés, sé, conociendo cómo trabaja mi entrenador, que lo va a acabar mejorando. Si él mejora el revés y yo mejoro el remate, podemos llegar a ser una pareja mucho más sólida. Pero si no viera que está mejorando ese aspecto, ahí es cuando uno empieza a pensar en jugar con otro que tenga mejor revés y, de paso, algo más de puntos. Pero, en el fondo, a mí qué me importan los puntos que tenga otro si con este jugador, que todavía tiene cosas por pulir pero que sé que va a pulir bien, voy a llegar más arriba. Está demostrado que las parejas que duran son las que realmente son buenas. Yo siempre voy a priorizar eso antes que cambiar a alguien por más puntos, salvo que la diferencia sea abismal: no es lo mismo estar de pareja 11, como estamos ahora, que pasar a pareja 8, ahí sí cambia mucho la película. Aun así, en mi caso, tendría que ser un salto tipo meterte de pareja 4 para plantearme un cambio así, porque estamos cerca.

Creo que todo esto se está perdiendo porque cada día cuesta más decirse las cosas a la cara: en vez de verse como algo constructivo, se ve como un ataque, y eso pasa en el pádel, pero también en la vida en general. Es un tema social, más que otra cosa. Puede que yo sea una persona muy directa y a veces las formas se me hayan podido perder un poco, aunque intento ser respetuoso, pero cuando hay mucha presión cuesta. Creo que esa comunicación es la base de la mejora, más allá incluso de los puntos: si no crees que puedas mejorar con alguien, es muy fácil cambiarlo por otro que tenga un poco más de puntos. Y hoy, como además el compromiso apenas existe, es duro decirlo, pero creo que es un poco mi teoría de por qué las parejas van cambiando tanto.

Voy a ser muy realista: hay, lamentablemente para mí, una probabilidad alta de que a Aimar lo acabe llamando alguien de muy arriba. Soy consciente, pero mi ilusión es acabar este año y seguir jugando el que viene

P: ¿Cómo te gustaría terminar el año con Aimar?

R: Mi idea es terminar el año con él, y cuando decidí jugar con Aimar fue pensando en seguir también el año que viene. Voy a ser muy realista: hay, lamentablemente para mí, una probabilidad alta de que a Aimar lo acabe llamando alguien de muy arriba. Soy consciente, pero mi ilusión es acabar este año y seguir jugando el que viene, porque creo que el margen de mejora que tiene él como jugador, y que tenemos como pareja, es muy grande. Él es muy joven y tiene mucha habilidad. Creo que lo estamos haciendo muy bien, y siento que, trabajando como estamos trabajando, el año que viene lo podemos hacer todavía mejor. Siento que el techo con ese tío es muy alto.

P: ¿Qué objetivos os habéis puesto para esta segunda mitad de temporada?

R: El objetivo de ranking siempre me cuesta ponerlo porque al final no depende casi nunca de mí solo, y es fácil frustrarte con un objetivo que no depende de ti. Pero un objetivo realista sería intentar acabar metiéndonos entre las ocho primeras parejas. Ahora mismo es muy difícil, porque los cuadros que nos van a tocar por nuestra posición son más duros que los de la gente que ya está ahí arriba. Pero es por lo que luchamos, y es una gran motivación.

P: Lo hemos visto con Leal y Guerrero, que hicieron final y semifinal en Pretoria y dos días después perdieron en primera ronda. ¿Crees que el éxito de una pareja reside justamente en esa regularidad, en estar todas las semanas ahí -semis, semis, cuartos, cuartos- más que en un pico puntual? Porque tu propia temporada, con semifinales en Paraguay y en Egipto con Tejo, también ha tenido un poco de todo.

Leal y Guerrero derriban a Coello–Tapia y jugarán la final del Pretoria P1
Foto: Premier Padel

R: Sí, yo lo veo claramente que es así. Lo que pasa es que cada vez es más difícil, porque el nivel es cada vez más alto. Ya no hay partidos fáciles, y si a eso le sumas el desgaste de los torneos y el cambio de condiciones de cada uno, es muy complicado, porque a todos nos favorece más una condición que otra. Ser lo más completo posible en todas las superficies -rápidas, lentas y demás- es fundamental. Realmente es muy complicado poder tener una regularidad en el año. Por eso, para mí, lo que están haciendo las parejas de arriba -Arturo y Agus, Galán y Chingotto, Augsburger y Lebrón- es muy difícil, aunque no lo parezca. Eso no es lo normal. Es gente que juega de miércoles a domingo todas las semanas, en condiciones totalmente distintas, contra rivales que no tienen nada que perder frente a ellos. Lo normal es que el rival haga el partido de su vida mientras ellos juegan con la presión de tener que ganar. Es como el Madrid jugando la Copa del Rey contra un equipo pequeño frente a jugar la Champions. Para mí, lo que hizo Galán con Lebrón en su día, y lo que está haciendo Arturo con Agus, me parece una locura. También, dicho sea de paso, son muy buenos, y cuando tienes esa superioridad de nivel, entiendo que igual no te cuesta tanto adaptarte y hacer finales con regularidad. Pero aun así me parece dificilísimo.

Y hablando del caso de Leal y Fran, no te digo que sea lo normal, pero es más normal de lo que la gente cree. Nosotros entramos a la pista, miramos el ranking y decimos “estos tienen que ganar”, pero no. El otro día perdieron contra Curro Cabeza y Mariano González, que juegan una barbaridad. Son dos jóvenes que no tienen puntos, pero eso es por nivel: tienen nivel para ganarle a esa pareja. Cada día se va a dar más que haya parejas de abajo ganando a las de arriba, porque el nivel cada día es más alto. ¿Dónde encuentras la regularidad? Para mí, entrenando como uno tiene que entrenar y, sobre todo, adaptándote a las diferentes condiciones sin importar el tipo de juego que tengas: ahí entra mucho la táctica. A mí, por ejemplo, me gusta dominar desde el fondo de la pista, pero eso se ha terminado hace bastante tiempo, ya no puedo dominar desde ahí porque las pistas cada vez son más rápidas. He tenido que modificar mi forma de jugar una barbaridad, en lo que se supone que se me da bien, para poder ganar partidos tanto en pista rápida como en pista lenta. No se juega igual en una condición que en otra, y muchas veces eso pasa factura porque es muy difícil adaptar el juego de uno al tipo de pista que haya.

Me encantaría poder representar a mi país, lo amo. Pero no es algo que me quite el sueño, porque creo que es muy difícil basar tu motivación en la decisión de una tercera persona.

P: Para ir acabando: ¿no crees que otro objetivo para esta segunda mitad de temporada podría ser ir al Mundial, hacer todo lo posible por estar ahí?

R: ¿Cómo lo veo? Es algo que me haría mucha ilusión. Me encantaría poder representar a mi país, lo amo. Pero no es algo que me quite el sueño, porque creo que es muy difícil basar tu motivación en la decisión de una tercera persona. Si eres Arturo, Galán, Lebrón y demás, que están muy arriba, obviamente van a tener que decir que sí o sí. Pero en mi caso hay tantos factores en juego que no es solo jugar bien, así que trato de que no me quite el sueño, por más ilusión que me haga. Hace dos años yo estaba por encima de un jugador que fue al Mundial, así que, si no solo mi nivel de juego sirve, ¿para qué me voy a comer la cabeza? Quizás hay cualidades personales que yo no tengo y que sí puedan estar aportando al equipo. No me lo puedo marcar como objetivo porque depende de la decisión de alguien, no es algo numérico donde sabes que, estando en tal posición, entras seguro. En mi caso se ha demostrado que hay más factores en juego que solo el ranking. Si estuviese más arriba, quizás sí me lo plantearía, pero con el ranking que tengo hoy, no me lo planteo como objetivo ni me quita el sueño, porque sé que quizás hay otro tipo de cualidades que no tengo. Pero también pienso que hay otras parejas que se merecen ir más que yo a día de hoy.

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Foto: FIP

P: ¿Qué convocatoria harías tú, tanto objetiva como subjetivamente? 

R: Buah, qué duro, está duro de verdad. Iban ocho, ¿no? Galán, Lebrón, Arturo… tres parejas y otros dos. Yanguas, Paquito… a Paquito le metes al cien por cien, me parece una locura. Antes lo he hablado con Coki y me decía “¿cómo no has metido a Paquito?”. No, no, es que Paco me parece una locura, tío.

P: ¿Y quién más estaría ahí? ¿Aimar también podría ir perfectamente?

R: Sí, la realidad es que Aimar podría ir perfectamente, pero claro… Para mí, hombre, podrían ir Coki y Yanguas, y faltarían dos parejas más. Vamos a hacerlo por parejas, que es más fácil: Coki y Arturo, que ya jugaron juntos, esa la tenemos. Antes Coki me dijo Galán y Yanguas, así que ya van dos.

P: ¿Y Paquito con quién?

R: Paquito con Lebrón. Con esas tres parejas ya van seis nombres, y quedarían dos.

P: Ahí tienes que meter también a Jon.

R: Entonces quedan sueltos Jon, Momo, Aimar, Leal, Fran… De ahí yo metería a un derecho y a un revés, elígeme tú, porque si no es imposible.

P: ¿Priorizas el equipo que ya está hecho, como Leal y Guerrero, o llevas a Aimar o a Momo y dejas fuera a Jon?

R: Está muy difícil, macho. Si me tuviese que mojar, pensando en el caso del seleccionador, siempre priorizaría más una pareja, aunque a día de hoy fuese menor en nivel individual que otra. Sería Fran y Leal.

P: ¿Y a Jon lo dejas fuera porque lo de Coki con Coello hace dos años no tiene explicación?

R: Hombre, a día de hoy quizás podrían ir por lo que han hecho y lo que han demostrado. Dejando fuera a Jon, que también lo hace de locos, es un problema grande ser seleccionador. Es imposible, porque tienes que dejar fuera a uno que juega a un huevo. También dejas fuera a Momo, que juega una barbaridad. Pero bueno, yo te pondría a Fran y Leal porque lo vienen haciendo de locos y han sido, si no me equivoco, de los únicos que le han ganado a la pareja número uno, a Arturo y Agus. Es la lógica que sigo: ganar partidos que no tendrías que ganar. A día de hoy los veo muy sólidos. Jon con Momo, claro, pero Leal y Fran tiran más como equipo. Creo que esa sería mi elección: dejando fuera a Aimar, lamentablemente. Bueno, es joven, ya tendrá tiempo.

Ángel González
Ángel González
Estudiante de Periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca, alumno, jugador y apasionado del pádel. Formándome en el ámbito de la docencia de este maravilloso deporte y aprovechando todo mi tiempo para instruirme cada vez más.

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