Está claro que el pádel es el deporte de moda. Hoy en día lo juega todo el mundo y su expansión parece imparable. Hemos hablado mil veces de lo divertido que resulta, de lo fácil que es iniciarse, de lo inclusivo que puede llegar a ser y de la enorme dimensión social que aporta. Sin embargo, conviene subrayarlo: “el pádel no es un jueguecito“.
El respeto como punto de partida
Aún existen voces, cada vez más aisladas, que siguen considerando al pádel un deporte “para mayores”, subestimándolo y sin otorgarle el respeto que merece. Esta percepción nace precisamente de su fisonomía: se trata de una disciplina que pueden practicar desde niños hasta personas jubiladas, disfrutándola por igual en ambos extremos de la edad.
El doctor Alfonso Del Corral, especialista en Traumatología Deportiva, ha utilizado su cuenta de Instagram para desmontar este estigma. En su mensaje recuerda que, como en cualquier otra práctica deportiva, el pádel exige respeto y preparación.
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No hablamos de una formalidad: todos conocemos a jugadores que han sufrido lesiones, a compañeros de club que se ven obligados a utilizar rodilleras o coderas, e incluso muchos lo hemos padecido en primera persona. Infravalorar la exigencia física del pádel es abrir la puerta a problemas serios. La clave pasa por calentar correctamente, mantener un buen estado de forma y cuidar el cuerpo para poder disfrutar de este deporte durante muchos años.
Conciencia dentro y fuera de la pista
En la misma línea, Manu Martín aprovechó su canal de YouTube para concienciar sobre esta realidad. Basta con detenerse en los comentarios de sus seguidores para leer episodios mucho más graves. Y aquí no hablamos únicamente de una molestia puntual en rodillas u hombros, sino de una reflexión más profunda sobre la necesidad de afrontar cada partido con responsabilidad.
El deporte, en esencia, es lo más saludable que existe. Y si además lo acompañamos de la socialización, el pádel se convierte en una de las mejores prácticas que se pueden elegir. Pero no debemos perder de vista un punto esencial: la mayoría no somos profesionales y esto sigue siendo, ante todo, una afición. Nuestra salud debe situarse siempre por encima de cualquier resultado.
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