Otro torneo más que baja el telón. El único de Premier Padel en territorio africano y también el último P2 de la temporada. El Newgiza P2, seguramente, no pasará a la historia… pero sí ha dejado varias cosas que merecen ser destacadas.
Un torneo muy diferente
Aunque los ganadores fueron Ale Galán y Fede Chingotto (junto a Ari y Paula)—lo más lógico y previsible—, este torneo nos ha permitido ver un tipo de pádel distinto. La ausencia de los Nº1, la temprana eliminación de Stupa y Lebrón en octavos y la presencia de parejas con poco rodaje han abierto la puerta a un cuadro mucho más imprevisible.
Puede sonar exagerado, pero la combinación de esos factores, junto con unas condiciones de pista extremadamente lentas, nos ha mostrado algo refrescante: cómo debería sentirse realmente un torneo de categoría P2. Y lejos de ser algo negativo, ha sido un soplo de aire fresco.
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Porque, seamos claros, la monotonía en la que se encuentra el circuito es su mayor problema. Con unos simples ajustes —menos obligaciones, más variedad, más espacio para las segundas espadas— el espectáculo cambia por completo. En su día, los Challengers del World Padel Tour estaban vetados a los 16 primeros del ranking, y precisamente por eso descubríamos nuevas caras, nuevos estilos y nuevos protagonistas. Premier Padel necesita algo de eso: más diferenciación entre torneos y menos uniformidad.
Más cambios de pareja
El otro gran tema del torneo vuelve a ser el de siempre: los constantes cambios de pareja. Ya no es cuestión de debatir si habría que regularlos —que sí—, sino de entender el daño que le hacen al propio deporte. Lo del Newgiza ha sido el colmo.
Ya sucedió en el Paris Major, pero en esta ocasión ha sido con más inri. Durante el partido de Augsburger y Di Nenno, se confirmó la unión del joven revés argentino con Lebrón y, por tanto, la vuelta de los Superpibes. Sí, se anunció mientras estaban jugando. Mal timming sí, pero un ejemplo más de la falta de profesionalismo que sigue lastrando al pádel de élite.
No es solo la decisión en sí, sino la imagen que transmite. Las inscripciones de los torneos son públicas, todos sabemos qué parejas jugarán el siguiente, y aun así se finge normalidad hasta que llega el “momento oficial”. Es absurdo. Puede que los jugadores estén acostumbrados y lo vean como algo natural, pero desde fuera la sensación es de improvisación, de desconexión con el público y de poco respeto al propio espectáculo.
La lucha por el Nº 1 sigue viva
En el plano deportivo, este Newgiza P2 ha tenido un claro trasfondo: la pelea por el Nº1. Las segundas parejas de la RACE, tanto en el cuadro masculino como en el femenino, aprovecharon la ausencia de los líderes para recortar puntos y mantener viva la batalla.
Ale Galán y Fede Chingotto están en modo apisonadora. Ganaron sin ceder un solo set y llegan al Mundial por Parejas en un estado de forma óptimo. La distancia con Coello y Tapia sigue siendo grande, sí, pero no inalcanzable. Con los títulos de Milán y Egipto en la mochila, y si logran mantener el ritmo en Kuwait, México y Barcelona, podrían terminar en el primer puesto.
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En el caso femenino, las sensaciones son algo distintas. Ari Sánchez y Paula Josemaría han vuelto a subir una marcha en esta segunda mitad de temporada y continúan vivas en la lucha, aunque con Bea y Claudia por ahí rondando. Además, la situación entre Gemma y Delfi es más cómoda: su desgaste competitivo es mucho menor que el de Tapia y Coello.
El Newgiza P2 no pasará a la historia por su espectáculo, pero sí por lo que ha dejado entre líneas: un formato que necesita más variedad, un circuito que pide madurez y una carrera por el Nº1 que, a falta de poco para el final, puede seguir más viva que nunca.
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