Segundo torneo de la temporada, primero indoor y primera parada en España. El Gijón P2 ha cumplido con lo que se esperaba: todos los mejores jugadores del mundo en pista y una semana de competición que ha devuelto la sonrisa a dos parejas que venían necesitándolo. El Palacio de Deportes Presidente Adolfo Suárez vivió varios días de buen pádel en una edición que, esta vez sí, se desarrolló con normalidad después de lo ocurrido el año pasado.
Puxa el pádel
Es inevitable mirar atrás. Hace apenas un año, este mismo torneo se disputó prácticamente sin jugadores del top 100 debido al famoso boicot que sacudió al circuito. Una situación que terminó pagando el público, la ciudad y el propio deporte.
En esta ocasión, el contexto ha sido muy distinto. Hemos podido vivir el torneo desde dentro y, aunque cada vez las facilidades para los medios de comunicación son más limitadas, merece la pena centrarse en lo realmente importante: la experiencia del aficionado.
Y ahí Gijón cumple con nota. El enclave es difícilmente mejorable. Una zona deportiva cuidada, accesible y con todos los servicios alrededor. A un lado el río Piles, al fondo El Molinón y, en medio, un pabellón acogedor que invita a disfrutar del pádel de cerca.
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El Palacio de Deportes no destaca por su capacidad, pero tampoco pretende hacerlo. Su tamaño genera una atmósfera cercana que funciona muy bien para este tipo de eventos. La zona comercial es pequeña, aunque suficiente para algún capricho entre partidos.
Un P2, ¿coincidencia?
Antes de nada, hay que dejar algo claro: la victoria de Ale Galán y Fede Chingotto ante Arturo Coello y Agustín Tapia fue completamente merecida. Fueron mejores en los momentos clave y supieron manejar el contexto del partido.
Del otro lado, los números uno dejaron sensaciones algo extrañas. Por momentos se les vio jugando al tran tran, cometiendo más errores de lo habitual e incluso improvisando en algunos tramos del partido. Especialmente discreto estuvo el día de Coello en la toma de decisiones.
Si ampliamos el foco, resulta curioso ver que varias de las victorias recientes de Galán y Chingotto contra los números uno han llegado en torneos de categoría P2. Evidentemente, todo suma, especialmente con el sistema actual de puntos, pero da la sensación de que Coello y Tapia afrontan estos torneos con un punto menos de intensidad competitiva.
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De hecho, los propios pupilos de Jorge Martínez recordaban en rueda de prensa que el mejor partido que han jugado contra su gran rival fue en Génova, también un P2. Una comparación que invita a pensar, aunque no deja de ser una hipótesis.
En cualquier caso, todo el mérito para Galán y Chingotto. Dos jugadores obsesionados con el trabajo que siguen reduciendo distancias en la clasificación gracias a una nueva victoria que les permite recortar 480 puntos.
Gemma sigue sin equivocarse
En el cuadro femenino, Gemma Triay y Delfi Brea volvieron a levantar un título varios meses después. Algo no terminaba de funcionar en la pareja y Gemma, como suele hacer, no dudó en tomar decisiones. Cuando la mallorquina siente que algo no encaja, actúa. Y esta vez volvió a acertar.
Durante la rueda de prensa le preguntábamos qué porcentaje de este título podía atribuirse a la llegada de Seba Nerone al banquillo. Si el cambio había sido más mental o si ya se empezaba a notar la mano táctica del entrenador argentino después de apenas una semana de trabajo.
Sea cual sea la explicación, el resultado no ha podido ser mejor: debut y título. Además, en una semana especialmente complicada para Delfi a nivel personal. Todo vuelve a reforzar la figura de Gemma Triay como una de las jugadoras más valientes del circuito.
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Y como breve paréntesis, hay que volver a mencionar a Andrea Ustero. Lo que hace esta jugadora es una auténtica barbaridad. Tiene absolutamente todo y, viéndola en directo, impresiona todavía más. Con apenas la mayoría de edad recién cumplida, su techo parece altísimo. Ha pasado de promesa a jugadora llamada a conseguir el número uno en los próximos años. Y si a eso se le suma la evolución de Martina Calvo, el futuro del circuito femenino puede estar ante una nueva era de dominio generacional.
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