Esta última jornada de octavos de final del Mexico Major, con la derrota de Ari Sánchez y Paula Josemaría, ha certificado lo que llevaba semanas oliéndose en cada pista del circuito: Gemma Triay y Delfina Brea terminarán la temporada como número 1 del mundo. Era cuestión de tiempo. Y el tiempo, hoy, ha hablado.
Un primer puesto ganado a pulso
Toca volver hacia atrás, rebobinar la cinta y entender cómo se construye un reinado. Empecemos por un flash: aquella entrevista en MARCA de nuestro compañero Jesús Mata a Gemma Triay. Solo necesitamos recuperar el titular: “En 2025 voy a por el Número 1 y no jugaré con Claudia”.
No hacen falta más líneas para comprender a la menorquina. Se la ha criticado por sus decisiones —por sus rupturas, por sus fichajes, por su hoja de ruta—, pero casi siempre ha acertado. Es distinta, es calculadora, es de las que ve el pádel antes que el resto. Y este año, junto a Delfi, ha alcanzado el Everest del proyecto: volver a la cima.
Y no lo han hecho por desgaste, ni por inercia, ni porque la temporada haya caído de su lado. Han irrumpido desde el primer día. Sabíamos que apuntaban alto, pero no que iban a volar tan rápido, tan pronto y tan fuerte ante una dupla que llevaba 840 días reinando sin dejar migas en el camino.
En apenas seis meses —al décimo segundo torneo, en Tarragona— firmaron el sorpasso. Un adelantamiento quirúrgico, violento y prematuro. Como quien apaga la luz sin avisar. Desde aquel día, su RACE ha sido una sentencia.
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A falta de cerrar México y el Finals, suman nueve títulos y solo ocho derrotas. Números que enseñan los grandes campeones, registros de una pareja que no ha jugado al pádel: lo ha gobernado.
La trabajadora silenciosa
Es inevitable que los focos se giren hacia Gemma. Lo provoca ella sola. Cuatro veces Nº 1, una veterana con piel de acero, siempre dispuesta a mover ficha antes que nadie. Pero este cuento tiene otra protagonista: la que lleva la batuta sin levantar la voz.
Delfina Brea es la antítesis del ruido. Una jugadora hecha a fuego lento, sin estridencias, con ese estilo que solo disfrutan de verdad los que saben mirar más allá del winner. Su pádel no grita: respira. Su elegancia es su golpe más duro.
Durante todo el año ha cargado con un peso que no pesa: la responsabilidad. Y jamás se le ha visto temblar. Todo lo contrario. Parecía que llevaba desde niña ensayando este momento, como si la primera plaza la estuviera esperando desde hace años, con la paciencia de quien sabe que su tren llegará, tarde o temprano.
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Una trabajadora incansable que nos ha hecho creer que ser número 1 puede ser hasta sencillo. Y no lo es. No lo era desde 2011, cuando Ceci Reiter se convirtió en la última argentina en conquistar ese trono. Ha llovido mucho desde entonces.
Con este escenario, 2026 se presenta eléctrico. Ari y Paula podrían apuntar a separación y nuevas duplas que pueden romper el tablero. La pregunta flota en el aire: ¿seguirán juntas Gemma Triay y Delfina Brea o alguna llamada hará tambalear el castillo? Todo es posible. Todo está abierto. Y eso, en pádel, siempre es una buena noticia.
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