Fede Chingotto no necesita levantar la voz para dejar huella. Su forma de competir, su humildad y su manera de entender el deporte lo han convertido en uno de los jugadores más queridos del circuito. Justo antes de partir a jugar el Gijón P2 tuvo un encuentro con los alumnos de la M3 Padel Academy, donde el argentino compartió una charla breve pero cargada de significado.
Rodeado de niños que lo miraban con admiración, el “superratón” decidió hablarles de algo que no siempre se enseña en las pistas: la derrota. “A veces las cosas no salen como queremos”, les dijo con total naturalidad. “Cuando crezcan se van a dar cuenta de que se pierde más de lo que se gana. Es duro, pero es la realidad”.
Ver esta publicación en Instagram
Un mensaje sincero sobre esfuerzo y constancia
Chingotto no buscó adornar el camino ni vender una versión idealizada del deporte profesional. Al contrario, quiso que los más pequeños entendieran que la frustración forma parte del proceso, que incluso los mejores del mundo conviven con ella y que la clave está en seguir adelante.
“Lo importante es no rendirse”, continuó. “Seguid entrenando, escuchad a los profes, sed buenos compañeros. Eso es fundamental para que todo funcione. Disfrutad de competir, de conocer gente nueva, de aprender cada día”.
Sus palabras, lejos de sonar a discurso preparado, transmitían la experiencia de alguien que ha tenido que pelear cada paso. Chingotto nunca fue el jugador más alto, ni el más fuerte, ni el más mediático. Pero sí uno de los más constantes y resilientes. Su carrera es un ejemplo de cómo la disciplina puede llevar a un deportista a la élite.
El valor de un referente que predica con el ejemplo

Hoy, junto a Ale Galán, forma la segunda mejor pareja del mundo y pelea por el número uno. Pero su esencia no ha cambiado. Sigue siendo el jugador que celebra cada punto como si fuera el primero, que respeta a todos sus rivales y que entiende el pádel como un deporte colectivo, donde el compañerismo es tan importante como la técnica.
Por eso su mensaje cala tanto entre los jóvenes. Porque no viene de un pedestal, sino de alguien que ha recorrido el camino desde abajo. Alguien que sabe lo que cuesta llegar y lo que cuesta mantenerse.
Un deseo para el futuro
Antes de despedirse, Chingotto dejó un último mensaje cargado de ilusión: “Ojalá dentro de unos años alguno de ustedes esté entrenando con nosotros en el circuito”.

Los niños sonrieron. Y no era para menos. No todos los días uno de los mejores jugadores del mundo te recuerda que los sueños se construyen con paciencia, con trabajo y, sobre todo, con la capacidad de levantarse después de cada caída.
| Te puede interesar: |























