No es una crisis, pero en Arturo Coello y Agustín Tapia, tres torneos seguidos sin levantar un título ya suenan a algo bastante serio. Lo relevante no es que la racha actual sea larguísima, que no lo es, sino que su nivel de regularidad había sido tan alto desde 2023 que una secuencia así casi había desaparecido del radar. Tras Miami, Bruselas y Asunción, la pareja número 1 vuelve a convivir con una sensación que no sentían desde su primera temporada juntos.
Ahí está precisamente la clave del problema. Cualquier otra pareja firmaría por un tramo así si, además, siguiera llegando al último día de torneo y compitiendo por todo. Sin embargo, con Coello y Tapia pasa otra cosa, y es que el listón está tan alto que no ganar durante tres torneos consecutivos ya parece mucho más grande de lo que realmente es. No por el tamaño de la racha, sino por el contraste con la costumbre que habían construido.

El espejo de Coello y Tapia vuelve a ser 2023
La última vez que se les vio una secuencia parecida fue en 2023, su primer año como pareja. En aquella temporada sí atravesaron un tramo más incómodo y más largo sin títulos en el calendario de World Padel Tour.
En el Máster de Madrid perdieron la final ante Stupa y Di Nenno. En Alemania se quedaron sin final al caer ante Galán y Lebrón en semis. En Ámsterdam se marcharon fuera antes de tiempo tras perder contra Arroyo y Rubio en dieciseisavos. En Menorca volvieron a caer, esta vez en la final, otra vez ante Galán y Lebrón. Y en Malmö volvieron a caer contra ellos, aunque en semis.

Desde aquella fase de ajuste y tropiezos no habían vuelto a pasar de dos torneos seguidos sin ganar. De hecho, en Premier Padel ni siquiera han vivido algo parecido. Eso, en una pareja que ha convertido la final en lugar habitual, tras sumas 21 consecutivas, explica por qué esta mini-sequía pesa tanto.
La diferencia es que ahora todo se mide mucho más alto
En 2023 todavía estaban armándose como pareja, entendiendo automatismos y asentando jerarquías. Hoy el contexto es otro. Son los número 1, vienen de una era de dominio muy marcada y cada tropiezo se analiza con lupa. Por eso el momento actual llama tanto la atención.
Aunque la realidad es que no han dejado de competir bien, ni se han desplomado, ni se han caído del mapa. Lo que ha pasado es otra cosa. Han dejado de ganar con esa frecuencia que parecía casi natural en ellos.
Objetivamente, no es ningún drama, y justo en esa línea se pronunció Coello en un streaming de la Asociación de Pádel Argentino (APA) en el Buenos Aires P1 de Argentina. “Para perder las finales, primero hay que llegar“, dijo con tono calmado para despejar las dudas de una posible crisis deportiva. “Llegar a las finales con las parejas con las que nos estamos encontrando implica jugar muy bien“, sentenció.
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Su lectura no fue la de una pareja asustada, sino la de una dupla consciente de que la exigencia que arrastra se ha vuelto casi desproporcionada. Que se acostumbren a ganar no significa que ganar siga siendo fácil.
Un problema que, en otra pareja, sonaría a normalidad
Ahí está el matiz de valor. Si esta secuencia la firmara cualquier otra pareja del circuito, probablemente se leería como una pequeña bajada, sin más. En cambio, cuando vienes de una regularidad casi industrial, el estándar te atrapa.
Miami, Bruselas y Asunción no dibujan un hundimiento. Dibujan una pausa competitiva de las que en el pádel actual puede ocurrirle a cualquiera. La diferencia es que, en Coello y Tapia, esa pausa se convierte automáticamente en noticia porque su trayectoria reciente casi había eliminado la idea misma de racha incómoda.
Buenos Aires como corte… o como prolongación
En este punto es en el que Buenos Aires tiene tanta importancia. No solo porque sea la oportunidad inmediata de cortar la secuencia, sino porque, además, el contexto les ofrece una segunda historia dentro de la misma semana. Si alcanzan otra vez la final, igualarán las 22 finales consecutivas de Bela y Juan Martín Díaz, una cifra que sigue vigente como uno de los grandes techos históricos del pádel profesional.
Es decir, llegan a Argentina con una mini-sequía abierta, pero también con un récord gigante al alcance. Esa contradicción explica muy bien el momento que viven. No llegan a Buenos Aires como una pareja rota, lo hacen como una pareja que, incluso en su tramo más incómodo desde 2023, sigue teniendo al alcance una marca histórica.
Eso habla mucho, y muy bien, de su dimensión competitiva, aunque también multiplica la presión: si vuelven a no ganar, la conversación crecerá; si se meten en la final y, además, cortan la racha, el relato cambiará por completo.
Coello y Tapia no quieren volver a 2023
Probablemente esa sea la mejor forma de resumirlo. Coello y Tapia no están reviviendo exactamente aquella mala racha de su primer año juntos, porque ahora el contexto, el nivel de juego y su posición en el circuito son distintos. Lo que sí están haciendo es tocar una alarma que no se encendía desde entonces, la de pasar de dos torneos seguidos sin título. Eso ya basta para que el foco se encienda.
A veces una racha no se vuelve importante por lo larga que es, sino por lo raro que resulta verla en determinados nombres. En esta pareja pasa exactamente eso. Tres torneos sin ganar no dibujan una crisis, al menos no una real, pero sí rompen una costumbre que venía intacta desde 2023. Arturo y Agustín han hecho habitual lo increíble, y de ahí nace que hayamos normalizado lo que antes de ellos era imposible.
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