Fernando Belasteguín acaba de anunciar su papel como embajador principal y asesor de la Wilson ACPL —American Collegiate Padel League—, la primera liga nacional universitaria de pádel de Estados Unidos. Por su parte, Wilson se incorpora como founding partner y naming sponsor.
Serán un total de 30 centros universitarios, más de 200 estudiantes y cuatro divisiones regionales los que den forma a una competición que comenzará en octubre y terminará con una final nacional en marzo. El pádel acaba de entrar en el sistema universitario estadounidense, y eso es mucho más grande de lo que parece.

Una novedad que importa más allá de EE.UU.
Para entender la magnitud real de este anuncio hay que mirar al tenis. Durante décadas, el sistema universitario estadounidense ha sido uno de los motores de desarrollo del tenis mundial. Las becas NCAA han llevado a jóvenes talentos de España, Argentina, Rusia o Francia a estudiar en universidades americanas con los costes cubiertos a cambio de competir para su equipo universitario.
De este modo, han dado oportunidades a jugadores que, de otra forma, no habrían tenido acceso a esa formación. En definitiva, se trata de estructuras que han alimentado durante años el circuito profesional. El pádel no tenía nada de eso, hasta ahora.
Para que existan becas universitarias para jugadores de pádel en EE.UU., antes tiene que existir una liga universitaria. Y esa liga acaba de nacer. El camino es largo, pues nadie dice que las becas lleguen mañana, pero el primer paso, el más difícil y el más importante, se acaba de dar.
Además, que lo haga con Bela como figura central y Wilson como respaldo institucional no es un detalle menor. Más bien es una garantía de que esto va en serio.

Cómo funciona la ACPL
La liga arranca con 30 centros universitarios y más de 200 jugadores distribuidos en cuatro divisiones regionales: Atlantic, Sunshine, Lone Star y Pacific —costa este, Florida, Texas y costa oeste—. La temporada se estrena este otoño con los primeros partidos y fases clasificatorias, y culmina en marzo con las finales nacionales, donde los campeones regionales disputarán el primer título de la historia de la liga.
No es un proyecto improvisado. La ACPL lleva meses construyendo sus cimientos a través de una serie de eventos previos en Nueva York, Boulder, Miami, Boston y Los Ángeles, con universidades como Yale, Columbia, Harvard, MIT o Duke ya participando. Lo que hoy se anuncia es la consolidación de todo eso en una estructura de liga real, con nombre, calendario, patrocinadores y un embajador que da la vuelta al mundo.
Bela y Wilson: dos nombres que lo cambian todo
Que Fernando Belasteguín sea el embajador principal de este proyecto no es casualidad. El argentino lleva años siendo uno de los mayores impulsores del pádel fuera de sus fronteras tradicionales, y su figura tiene un peso en el deporte que va mucho más allá de los títulos. Que ponga su nombre y su credibilidad detrás de la ACPL es la mejor señal posible de que este proyecto tiene ambición real y vocación de permanencia.
Wilson, por su lado, aporta algo igual de valioso: la legitimidad de una marca con más de un siglo de historia en el deporte de raqueta, con presencia en tenis, squash y pádel, y con la capacidad de conectar este proyecto con el ecosistema deportivo universitario americano de una forma que pocas marcas del mundo del pádel podrían hacer.
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Una puerta que acaba de abrirse
El pádel es ya el deporte de raqueta de mayor crecimiento en el mundo. Sin embargo, para consolidarse en EE.UU. —el mercado que puede transformar cualquier deporte en fenómeno global— necesitaba algo más que pistas y aficionados. Le faltaba estructura, institucionalidad y un camino para los jóvenes talentos. La ACPL abre ese camino.
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