¿Llevas tiempo jugando al pádel y tienes la sensación de que, vayas al club que vayas, siempre te encuentras con los mismos tipos de personas? No es casualidad.
El pádel amateur tiene su propia fauna. Una colección de personajes tan reconocibles que podrías identificarlos con los ojos cerrados solo escuchando el sonido de sus excusas después de perder.
Aquí van los siete arquetipos que pueblan todas las pistas de España. Y sí, probablemente te reconozcas en más de uno.
Los 7 jugadores de pádel amateur que hay en todos los clubes
1. El que siempre “puede pero depende”

Existe en todos los grupos de WhatsApp del país. Se llama Javi, o algo parecido.
Cuando alguien pregunta “¿alguien para el jueves?”, Javi responde en cuestión de segundos con la misma frase de siempre: “Yo puedo, pero depende”. Depende de qué, exactamente, nunca queda claro. Depende del trabajo, de su mujer, del tiempo, de si está alineado Mercurio.
Lo más curioso es que Javi lleva años en este estado de superposición cuántica entre el sí y el no. Nunca confirma. Nunca cancela. Simplemente existe en el grupo, generando incertidumbre con cada respuesta.
Todos los grupos tienen un Javi. Y todos sabemos que Javi no va a venir.
2. El Coach del vestuario

Este jugador tiene una característica fascinante: cuanto peor juega, más consejos da.
Después de fallar tres bandejas seguidas y un globo que se fue dos metros largo, el coach del vestuario se convierte en el mayor experto táctico del club. Analiza el partido en profundidad, señala los errores del compañero con precisión quirúrgica y explica exactamente qué hubiera habido que hacer en cada punto.
El problema, como bien saben los que han jugado con él, es que ninguno de esos consejos aparece cuando tiene la pala en la mano.
Es el Guardiola del vestuario. En la pista, algo más difícil de clasificar.
3. El tardón que pide calentar

Llega diez minutos tarde. Siempre. Con una excusa nueva cada vez: el tráfico, las llaves, el perro, una reunión que se alargó.
Hasta ahí, tolerable. Lo que no tiene perdón es lo que viene después: pedir calentar. Como si el resto hubiera esperado en silencio sin moverse durante su ausencia.
El Tardón que pide calentar exige un rato de peloteo, quiere que le tiren bolas a ambos lados, necesita probar su volea, su revés, su bandeja. Y lo hace con la naturalidad de quien llega puntual y se toma el calentamiento que le corresponde.
Lo más surrealista es que, después de todo ese ritual, suele ser el primero en fallar. Como si el calentamiento fuera simplemente teatro.
4. El de la pala de 300 euros

Cada temporada estrena pala nueva. Siempre la más cara de la tienda. Siempre con una explicación muy técnica sobre el carbono, el núcleo y la forma del marco que ha leído en algún foro.
La teoría es siempre la misma: esta vez sí va a marcar la diferencia. Esta pala va a arreglar el drive, va a dar más potencia al remate, va a transformar su juego por completo.
No lo hace. Nunca lo hace. Pero el ciclo se repite temporada tras temporada con una fe inquebrantable que los economistas del comportamiento estudiarían con interés.
Lo más llamativo no es que compre palas nuevas. Es que después de tres temporadas cambiando de pala, sigue cometiendo exactamente los mismos errores que con la primera.
5. El Intensito

Se puede detectar a cincuenta metros de distancia. Cada punto ganado va acompañado de un grito, un puño cerrado y una celebración digna de una final de Grand Slam.
El Intensito celebra cuando el rival falla una bandeja cantada con la misma energía que si hubiera ejecutado un remate imposible. Celebra sus propias voleas mediocres. Celebra cuando la bola toca la red y cae del lado contrario por pura suerte.
Todo el mundo en el club lo conoce. Todo el mundo lo sufre. Y nadie le dice nada porque tampoco queremos ser los aguafiestas del grupo.
Así que seguimos aguantando. Y odiando en silencio.
6. El que dice que su nivel es “Medio-Alto”

Este es quizás el más extendido de todos los arquetipos. Y el más fácil de identificar, aunque nunca se identifique a sí mismo.
En España, si preguntas a cien jugadores amateurs cuál es su nivel, noventa y tres dirán que es “medio-alto” o “intermedio-avanzado”. Los siete restantes dirán que “depende del día” o que “están cogiendo ritmo”.
Nadie dice que es medio. Nadie admite que es bajo. Y sin embargo, las pistas de pádel están llenas de jugadores que llevan tres años sin mejorar, que fallan el mismo globo de siempre y que pierden regularmente contra rivales a los que también consideran de nivel “medio-alto”.
La realidad es más sencilla: si tienes que matizar tu nivel con la precisión de un notario redactando una escritura, tu nivel es medio. Punto.
7. El Fantasma del Grupo

Alguien lo metió en el grupo de WhatsApp hace meses. Quería jugar, dijeron. Tenía muchas ganas, aseguraron.
Desde entonces: cero partidos jugados, cero mensajes enviados, cero señales de vida.
Pero ahí sigue. En la lista del grupo. Viendo todos los mensajes sin responder nunca. Como si el grupo fuera una emisión de radio que escucha desde casa sin ninguna intención de participar.
Nadie se atreve a echarlo porque “a lo mejor un día se anima”. Ese día lleva meses sin llegar. Pero la esperanza, en el pádel amateur, es lo último que se pierde.
Conclusión: todos somos un poco de cada uno
La verdad es que estos siete arquetipos no son siete personas diferentes. Son siete comportamientos que, en mayor o menor medida, todos hemos tenido alguna vez.
Todos hemos llegado tarde algún domingo. Todos hemos dado un consejo que no nos han pedido. Todos hemos pensado, aunque sea un segundo, que esa pala nueva iba a cambiar algo.
El pádel amateur no es solo un deporte. Es un espejo en el que, si miramos con honestidad, nos vemos reflejados de formas que preferiríamos no admitir.
Y aun así volvemos cada semana. Porque al final, lo de menos es el nivel.
¿Con cuál de estos personajes te has sentido más identificado? ¿O conoces alguno que no hayamos incluido en la lista?
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